Opinión

El binomio motivación-compromiso

  • Jueves, 27 de Febrero del 2020

    Es básico que los directivos mantengan su motivación. Es fácil que ello pueda decaer cuando se entra en la dinámica del día a día. Son necesarios, pues, elementos que mantengan viva esa motivación.

    La motivación personal para el liderazgo es uno de los valores que se consideran en los directivos. La curva motivacional suele tener una punta ascendente muy alta. Lo difícil es mantenerla en los puntos elevados de las coordenadas.

    Es habitual que cualquier directivo que empiece en su cargo integre en su quehacer una motivación elevada. Nuevos retos implican nuevos caminos a explorar. También puede ser habitual que esa motivación sea transitoria. Ello no es por desidia o por abandono de los objetivos. El día a día es lo que termina por incorporar la sensación de monotonía.

    Es entonces cuando se activa el sentimiento de poder hacer más de lo que se hace, o de ver un camino largo y complejo antes de llegar a los hitos marcados en rojo. Aquí es cuando debe aparecer una de las palancas básicas para mantener viva la motivación. Hablamos de los compromisos.

    Cuando una persona se marca compromisos propios y para su organización, facilita mucho el desarrollo para conseguir alcanzarlos. La motivación, de hecho, es una consecuencia de los compromisos. Estos últimos tienen una meta, y pueden ser a corto, medio o largo plazo.

    La empresa y los equipos quieren ver en qué un directivo está comprometido porque define lo que se mueve en el entorno de dicho directivo. Permite saber sus prioridades, sus acciones de decisión. Es lo que da foco a las acciones.

    Para definir los compromisos el directivo debe tener en cuenta la estrategia de la empresa y aquellas líneas rojas innegociables en su comportamiento. La estrategia empresarial sirve para priorizar los objetivos a comprometerse. Las líneas rojas sirven para informar desde el minuto cero aquello que se defenderá en cualquier toma de decisión. Evidentemente, la flexibilidad es necesaria. Pero el resto deben tener un marco para poder iniciar la interlocución con la dirección.

    Ese compromiso, flexible, debe combinarse precisamente con la versatilidad. El talento directivo debe ser versátil. Ello se vincula perfectamente con el concepto de T-People. Las personas T en una organización son aquellas que destacan en una especialización pero que tienen capacidades para moverse entre las personas con otras especializaciones. Esa visión holística que tan importante es en los equipos aplica aún más a los directivos.

    Para poder moverse en todos los ámbitos sin generar rechazo entre los que saben más de esos ámbitos una primera acción es conocer los huecos que existen. Es decir, hay espacios en los que uno puede aplicar su conocimiento de forma adyacente, con lo que suma más que resta. La segunda acción es ofrecer de manera tácita el apoyo necesario cuando haya momentos críticos: ser un back-office de confianza.

    El binomio motivación-compromiso es una receta muy válida para conseguir mantenerse en el punto alto de la actividad profesional.