Opinión

Centrarse en retos

  • Miércoles, 27 de Marzo del 2019

    El reto es el punto de partida de todo proyecto. Disponer de retos implica marcarse unos tiempos y una disciplina de acción. Se pueden elevar a grandes categorías o concretarlos mucho, según la prioridad y el ámbito de actuación. Ahora mismo, las empresas tienen retos cuyas soluciones pasan por nuevas aproximaciones.

    Posiblemente, el reto personal más complejo es el de pasar un día de descanso sin tener ningún reto: 'hoy no haré nada’. Aunque no lo parezca, hacer nada es, sí, un reto. Lo importante es que hay un camino marcado. Esto permite que, cuando la conciencia actúa para decir 'no estoy haciendo nada', se active el convencimiento de que estamos actuando bajo el reto de 'no hacer nada'.

    Las empresas, los equipos, los directivos de esos equipos, deben tener un camino marcado, un reto o unos retos definidos. Además, es necesario que incorporen, y sepan hacerlo, los grandes retos que marcan el entorno en ese momento.

    Actualmente hay cuatro grandes retos que deben estar en la agenda de las empresas. El primero es el de la globalización, del cual indirectamente hablamos en el anterior artículo de opinión de este Boletín. Saber moverse en la globalización es entender que hay un gran mercado abierto con características específicas en ámbitos específicos, y que puede ser accesible.

    El segundo gran reto, y que complementa al primero, es el de la digitalización.  Aquí se debe hacer hincapié en que las empresas entiendan que digitalizarse es algo posible. No vale considerar que es algo que solamente se lo pueden permitir algunos. La simple incorporación, en una pequeña empresa, de los procesos de gestión a la nube es un sencillo paso que agiliza, y mucho, el funcionamiento de esa organización.

    Vinculado a la globalización debemos citar un tercer reto, el de gestionar la diversidad. El flujo poblacional, en todos los sentidos y en todas las direcciones, es un hecho palpable y continuo. El flujo de los datos también incide en esa diversidad. Por lo tanto, gestionar correcta y óptimamente la diversidad en los equipos de trabajo y en los usuarios finales.

    El cuarto gran reto que deben afrontar las organizaciones es el de la ética y la gobernanza de la misma. Transparencia, privacidad, sostenibilidad, circularidad son algunos de los términos que fundamentan a la ética en este entorno global, digitalizado y diverso. La competencia feroz en la oferta es una palanca que, a fin de cuentas, incide en la necesidad de esa ética: el consumidor es ya consciente y exigente ante aquellos que se saltan la ética.

    Precisamente, esos cuatro grandes retos deben estar incorporados en la definición de los retos concretos de cada empresa, y de cada proyecto en cada empresa. Así, a nivel de organización se debe definir bien cómo abordar la diferenciación, cómo captar y retener al talento, o cómo elegir las tecnologías adecuadas para su cometido. En un proyecto concreto, el reto siempre debe integrar la pregunta ‘cómo podemos ayudar, con nuestra solución, a nuestros usuarios para que resuelvan el problema X’.

    En definitiva, no puede haber un camino sin tener la definición sobre allí donde queremos llegar. Es obvio y evidente y, por eso mismo, es básico centrarse en ello al inicio de cualquier decisión empresarial.