Opinión

Deconstruir como disciplina

  • Miércoles, 18 de Septiembre del 2019

    Las zonas de confort son las grandes amenazadoras para cualquier avance. La calidad en las zonas de confort puede tambalearse porque el mercado se canse de esa oferta por muy buena que sea. El cambio adaptado a las nuevas demandas es necesario. Salir de la zona de confort quiere decir deconstruir para reconstruir, y que ello se haga de manera regular y disciplinada.

    Toda unidad activa debe innovar y cambiar cuando mejor van las cosas. Ello aplica a organizaciones y personas. Es necesario salir de la zona de confort.

    Miremos en nuestra propia casa, literalmente hablando. Aunque se cumplan correctamente las tareas asignadas entre los miembros de la unidad familiar, ese formato seguro que se degrada en el tiempo y, al final, nadie hace todas las tareas ni las hace del todo bien. En un momento dado se debe cambiar el formato, cambiar la asignación de tareas, la regularidad o hacerlo de forma cooperada o hasta competitiva.

    En ese caso, además, se le puede aplicar también la situación de cambio de entorno que afecta a la forma en que se hacen las tareas. Si por cierta razón se modifica la recogida de basuras, por ejemplo, el que hace la tarea de recoger los residuos en casa tendrá grandes problemas para cambiar el cómo lo hacía hasta ese momento.

    Si de golpe aparece una normativa que abarata mucho la energía en ciertas horas de forma regular, el o la responsable de lavaplatos verá trastocada su agenda de ejecución de la tarea. Una zona de confort sin flexibilidad adaptable es extremadamente peligrosa.

    Este ejemplo lo podemos aplicar a cualquier organización. Además, como decíamos antes, el mercado es quien obliga al cambio. Como el mercado es además infiel sin tapujos, la zona de confort aplica muy poco ante él. Y en el concepto de mercado también se debe tener en cuenta al mercado interno. Aunque no sea tan infiel, porque se debe a su organización, sí que al final puede buscar alternativas si las internas no satisfacen -'en lugar de mandar la factura a administración, mándamela a mí porque yo te lo agilizaré más', o bien, 'aunque nos hayan prohibido enviar mensajes desde el móvil, he creado un grupo con los clientes desde mi móvil personal'-.

    Por lo tanto, ¿cómo debemos salir de esa zona de confort para que el mercado no se nos coma? Lo primero es reentender al mercado: conocer sus cambios en tiempo casi real, sus necesidades, sus nuevas formas de relacionarse con la oferta, sus nuevas formas de compra y de uso. Lo segundo es reentender a la propia organización -un microequipo se entiende como organización-: cómo está organizada, cómo sirve ahora al mercado, dónde hay los fallos, dónde hay los éxitos.

    El tercer paso es deconstruir la organización. Para una buena deconstrucción cabe primero desgranar la organización misma: dividirla y ahondar en cada división en los puntos que hemos analizado cuando la hemos reentendido. 

    Lo siguiente es hacerse una pregunta muy sencilla: ¿qué otra organización lo haría mejor que nosotros y nos podría sustituir? Puede ser de otra área de la empresa, o puede ser otra organización, o puede ser el ejemplo de un comercio de la esquina de nuestra oficina que funciona con mucha eficiencia -aquí entra el concepto de pensamiento lateral de Edward de Bono-.

    El último paso es reconstruir la organización a partir de lo analizado y de la respuesta a quien lo podría hacer mejor. Este punto es crítico pero necesario. Ningún sector se hizo esa pregunta hace 15 años, y ahora hay sectores en los que han entrado competidores impensables que pueden aplicar en esos sectores lo que hacen en su sector de origen. 

    Lo más importante es tener claro que hay tres pasos necesarios para salir de la zona de confort antes de que sea demasiado tarde: entender, deconstruir y construir. Evidentemente, el proceso no es corto ni tan sencillo. Pero se puede hacer y se debe tomar el riesgo. Si no, el mercado se irá hacia otro lado.