Opinión

El directivo y los extremos

  • Jueves, 27 de Julio del 2017 CEDE

    Las nuevas generaciones buscan nuevos estímulos y nuevos objetivos. La generación que empieza a abandonar el mundo laboral también ve espacios en los que aportar. El directivo actual dispone de una vista panorámica hacia arriba y hacia abajo, con extremos que le pueden servir como prácticas a considerar. Ahora, durante un agosto en el que el tiempo se ralentiza, es un buen momento para reflexionar sobre ello.

    Recientemente recomendábamos un artículo sobre la oportunidad, en estas vacaciones, de explorar el refuerzo de la inteligencia emocional. A ello se le puede añadir otra exploración para los directivos, vinculada a detectar de los extremos aquello con lo que deben lidiar y de lo que pueden aprovechar para incorporar en su propia marca y para aportar a la empresa. Y los extremos son las nuevas generaciones, más concretamente los millennials, y los ejecutivos que se han retirado pero que arrancan nuevos proyectos con mucha más libertad de acción al depender de ellos mismos.

    La fotografía transversal de la que dispone el directivo la tratamos regularmente desde este  boletín. Hablamos de mercado, de cómo centrarse en el usuario para crecer. Tratamos también los propios procesos, el concepto de trabajo líquido, el nuevo papel de los proveedores como prosumidores, los servicios internos que se pueden acentuar o modificar, la importancia de potenciar las oportunidades sin barreras internas. Evidentemente, de cómo la tecnología y la digitalización tienen la clave para incidir en esa transformación, siempre con la premisa de que las personas son las protagonistas de ese cambio, y con una estrategia de comunicación interna y externa efectiva. Todo ello facilita la construcción de un ecosistema propio óptimo y eficiente, lo que ofrece la oportunidad de aprender de los errores, y lo que origina herramientas para gestionar el talento de esas personas, y para mentorizarlas más que controlarlas.

    Esa visión transversal sería el campo de acción. La panorámica vertical es la que puede dar al directivo el cómo actuar en ese campo. Volvamos, entonces, a esos extremos en ese vertical que comentábamos al inicio: millennials y ejecutivos en retirada. Mirar a los millennials permite claramente ver cosas muy distintas a lo que ocurría en el trabajo cuando allí estaban los que ahora tienen entre 40-60 años. Un millennial pide ‘feedback’ constante, transparencia y reconocimiento. Quiere ser el mejor, y a su vez colaborar con el otro. Todo eso es totalmente nuevo para las generaciones de los años cincuenta hasta la de los ochenta. Más que rechazar esos valores porque uno no los ha vivido cuando tenía esas edades, se deben potenciar y adaptar a la realidad de la empresa y del mercado.

    Por ejemplo, de los millennias los directivos actuales pueden aprender y a su vez recomendarles con enfoques que pueden ser muy valiosos. En este punto, parece importante que los directivos ayuden a sus millennials a facilitar el periodo de transición que se vive entre el mundo pre-digital y post-digital, que hagan que ese extremo adapte su lenguaje al de los que les viene completamente de nuevo.

    Sobre los ejecutivos en retirada, precisamente son los más emprendedores. Muchos de ellos han empezado nuevos proyectos propios una vez fuera de las empresas. Otros han puesto al servicio de la sociedad, o de las empresas que empiezan, su experiencia. Esa experiencia implica conocimiento acumulado y visión de las cosas en perspectiva. Sus logros y errores cometidos les sirven para disponer de patrones que se pueden repetir con otros formatos, pero con el mismo fondo. De todo ello, los directivos actuales pueden aprender sobre la capacidad de relativizar las cosas, y de desvincularse del día a día para poder tomar decisiones desde el todo.

    De esos dos extremos, los directivos pueden potenciar la conciencia propia sobre sus capacidades. Esos extremos representan el entorno en el que nos movemos ahora. Aquí hay oportunidades, y se deben ver con los ojos y la mente abierta, sin críticas ni prejuicios. Las reflexiones, pues, pueden ser para el verano.