Opinión

Directivos circulares

  • Jueves, 30 de Enero del 2020

    La economía circular está perfectamente alineada con los nuevos retos de protección del planeta y de sostenibilidad. Esa acción consensuada y global que está ya en la agenda política y empresarial puede también incorporarse en el día a día de las empresas. La mentalidad circular puede empezar en los propios directivos. Es otro reto para diseminarlo en la organización.

    Hay un contexto que presiona cada vez más para hacer más visibles de lo que son las acciones contra el cambio climático. Desde la población, las organizaciones civiles, el sector educativo hasta las administraciones y los políticos escuchan y activan esa realidad.

    La generación de los centennials, los nacidos después del 2000, son plenamente conscientes y están comprometidos con la protección del planeta. Es muy significativo el grueso de gente muy joven en las concentraciones que abogan por la implementación de medidas por la lucha contra el cambio climático. No solamente eso. La primera gran línea de actuación de la nueva Comisión Europea, con Ursula Von der Leyen a la cabeza, es hacer de la Unión Europea la abanderada de la economía verde en todo el mundo.

    Las grandes corporaciones y las pymes, en mayor o menor medida, tienen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU como un referente marco para sus estrategias, procesos, oferta y relación con el cliente. La Agenda 2020 está, además, en la Unión Europea, validada y activada en todos los niveles administrativos. No hay escuela en España que no disponga de un espacio para exponer a los alumnos la realidad y cocrear con ellos y ellas posibles actuaciones para concienciar e implementar.

    En todo este contexto, el concepto de economía circular aplica enormemente. No desechar y reutilizar recursos, bajo la sostenibilidad y lejos de la contaminación, es un elemento sencillo de entender, complejo en algunos casos de incorporar, pero perfectamente posible. Las empresas quieren ser circulares. La legislación cada vez más les guía hacia esa realidad.

    ¿Es posible aplicar en el día a día esa circularidad? Los directivos tienen aquí una labor potencialmente excelente para aplicar. Siempre bajo ese mensaje: no desechar, reutilizar.

    El primer paso puede estar en la cocreación de estrategias circulares en los proyectos desarrollados. Así, cualquier proyecto, interno u orientado a cliente final, puede disponer de unos activadores de circularidad. Por ejemplo, la gestión del tiempo. En el momento en que hay un tiempo en cualquier persona del equipo que no se utiliza, en lugar de desecharlo puede ser incorporado en el apoyo de otro miembro del equipo.

    Otro ámbito circular en un proyecto puede estar en la gestión de los recursos. Todos los recursos pueden ser reutilizados o, como punto de partida, puede centralizarse todo en espacios compartidos en la nube. Evidentemente es una obviedad porque muchas organizaciones funcionan de este modo. Pero darle una visión de circularidad desde el inicio ayuda a potenciar la concienciación.

    Esos son algunos ejemplos muy específicos de ámbitos muy concretos. Si elevamos la categoría, es evidente que los directivos deben ser los primeros en participar en la activación de un plan de circularidad para la empresa en todos los ámbitos además de en los procesos: estrategia, oferta, relación con cliente.