Opinión

Ecoinnovación: cambiar el chip

  • Jueves, 26 de Abril del 2018 CEDE

    Ecoinnovar en la empresa ha superado la tendencia. Es ya un modelo que potencia la diferenciación frente a los competidores. El modelo se aplica en todo el contexto de la empresa. La oferta final y la relación con el cliente es la punta del iceberg. Es sostenibilidad, se integra en el concepto de economía circular, y es, sobre todo, competitividad.

    Soluciones sostenibles, con un uso correcto de los recursos y su reutilización, que supongan efectos tendentes a cero sobre la sociedad y el entorno, y que generen beneficios y competitividad en las empresas. Esta es, posiblemente, la definición más ajustada de las muchas que hay sobre ecoinnnovación, tal y como lo expresan desde el Laboratorio de Ecoinnovación.

    Dentro de las distintas tipologías de innovación, la ecoinnovación es transversal. Se aplica en la estrategia, en el modelo de negocio, en los procesos, en el producto/servicio, en la distribución, la marca y la relación con el cliente. Se debe aplicar en toda esa cadena de valor.

    De hecho, es un sinsentido hacer un producto ecoinnovador dentro de una categoría mientras el resto de productos de la empresa siguen otros caminos, o en los que la distribución rompe con todas las reglas de la sostenibilidad. Si se actúa de esa manera, hablamos más de una acción puntual de RSE. Y aquí hay un peligro ahora incontrolable por las organizaciones: el rechazo a gran escala de un consumidor que ahora es más responsable, exigente y consciente de lo que quiere que sea lo que adquiere.

    Por lo tanto, un modelo óptimo de ecoinnovación podría ser el siguiente. Imaginemos una empresa que modifica su modelo de negocio, y pasa de vender batas para escolares a reciclarlas para revenderlas como trapos de cocina para los comedores escolares. Previamente ha investigado en un tejido que respeta el medioambiente y que es fácil de limpiar -es obvio que cuando somos pequeños lo que nos gusta es experimentar y ensuciarnos-.

    Todo el proceso hasta que llega al mercado ese producto, y todo quiere decir todo, la empresa lo diseña en modo ecoinnovador: 'paperless', huella hídrica y huella de carbono, energía, distribución sostenible... Además, el posicionamiento de marca se basa en la transparencia: en las etiquetas se indica claramente qué se ha ahorrado y cómo debe mejorarse el proceso de producción.

    Esa empresa, ¿ha gastado su dinero o ha invertido su dinero? La segunda respuesta es la correcta, porque ahora es más competitiva y se diferencia del resto. Posiblemente el producto sea un poco más caro que otros, pero como al consumidor se le ha explicado que esos 6 euros de más que paga le permitirán ahorrar 12 euros al año en el precio de las comidas, porque esa bata será luego un trapo para las cocinas escolares; y como se le dice también que la empresa ahorra en agua, energía o combustible, entonces el consumidor está dispuesto a dejar de tomarse 4 cafés y pagar 6 euros más.

    Hay muchas empresas que ya contemplan y aplican la ecoinnovación en su modelo de negocio y su oferta. Además, hacen pequeños pasos en los procesos y en la distribución. Y trabajan mucho en explicarle al consumidor con datos claros y reales –las redes sociales son su gran aliado-. Tanto en el entorno de las grandes corporaciones como en las propias pymes. Hay empresas de nueva creación que nacen con ese adn, y que su escalabilidad y crecimiento no contempla salirse un ápice de él.

    ¿Es posible ahora y aquí hacer todo ese diseño ecoinnovador de manera integral? La respuesta es no. El entorno incorpora elementos que construyen ya el camino. Las instituciones ya han aprobado normativas que así lo obligan. Porque es una necesidad, y ya es una oportunidad para las empresas. Porque la ecoinnovación ya se puede afirmar que es ser competitivo.