Opinión

Economía en territorios únicos

  • Jueves, 19 de Abril del 2018 CEDE

    La uniformidad da paso a la unicidad. Distintos territorios únicos pueden disponer de cualidades comunes entre ellos, pero para el desarrollo en un mundo interconectado deben incorporarse elementos que faciliten el impulso desde la genuinidad local. Aquí es cuando las empresas pueden potenciar las oportunidades, y aprovechar un talento combinado de cariz global.

    Se ha abierto la carrera hacia la autenticidad en toda la oferta, incluso la de grandes corporaciones. El sector de la alimentación es un ejemplo. Lo realmente artesano, original -que proviene del origen real-, ya cada vez menos proviene solamente de pequeños centros de producción. Es más, multinacionales de la alimentación tienen claro que, dentro de territorios de un mismo país, deben ofrecer productos similares con toques locales.

    Este ejemplo lo utiliza el urbanista Vishan Chakrabarti para ilustrar lo que ocurre con las ciudades. Así como no queremos comida procesada, dice Chakrabarti, tampoco queremos ahora ciudades procesadas.

    Con ciudades procesadas se refiere al modelo del siglo XX. Ése se ha basado en replicar de forma uniforme, en distintas épocas, pero de manera uniforme, estructuras de ciudad muy repetitivas, con métodos de construcción similares. La máxima expresión se llevó a cabo en los países del bloque soviético después de la II Guerra Mundial.

    Ahora, en cambio, las ciudades deben responder a las comunidades locales, a sus climas, sus culturas y, también, a sus propios métodos y materiales de construcción. Sobre los climas, hay en España algunos ejemplos de modelos de edificios copiados de ciudades escandinavas, sin considerar que allí estaban pensadas para el frío, con lo que en verano, aquí, hay problemas reales para enfriar el ambiente.

    Más allá de esta anécdota, lo interesante aquí es trasladar ese concepto de ciudad a los propios territorios urbanos -que pueden ser ciudades, o la suma de nodos interconectados con una ciudad grande y poblaciones colindantes-.

    Un territorio único, entonces, es aquél que está pensado a partir de las características y capacidades locales. En este sentido, debe cubrir las necesidades a partir de lo que el entorno permite, y también de lo que ha acumulado o de los cambios que se avecinan. Así, desde el punto de vista económico, territorios en los que, por ejemplo, se mantiene un sector de la industria pesada y nacen nuevos sectores tecnológicos, o culturales, deben integrar acciones que faciliten el impulso de lo que hay y que, a su vez, se interconecte globalmente.

    A esa acción económica se le debe incorporar también una acción demográfica. Porque los territorios únicos deben ser para las personas, que viven, aprenden y trabajan. La vida personal debe combinarse con la vida profesional. Por lo tanto, la vitalidad debe ir en tres direcciones: espacios personales de vivienda, comercio y ocio; espacios de formación enfocada al territorio, y espacios profesionales de producción e impulso económico.

    La movilidad interterritorial debe ser factible para facilitar el flujo de esa vitalidad. La interconexión digital interterritorial también. Entre lo local debe poder haber contacto. De lo local a lo global, también.

    ¿Qué oportunidades encuentran en estas dinámicas las empresas? Una combinación extrema de opciones para poder desarrollarse, con un centro de atracción de talento externo y de generación de talento local muy potente. Porque, cuando en un territorio se aumenta la capacidad de su industria productiva, se atrae a talento cualificado. Si ello se combina con una formación acorde con las capacidades que demanda ese sector industrial, entonces el talento local puede hacer un ‘upgrade’ con el añadido de conocer mucho más el terreno.

    Del ‘talento atrae talento’ pasamos al ‘talento atrae y genera talento’. Por lo tanto, las oportunidades para las empresas necesitan también de las capacidades generadas desde la misma población local. Y, cómo no, sin uniformidades.