Opinión

Entornos de calidad y creatividad

  • Miércoles, 9 de Enero del 2019

    Todo efecto tiene su causa. La calidad y la creatividad vienen provocadas por entornos que las incitan. Un buen propósito para este 2019 es crear o reforzar los contextos necesarios para que la calidad siga siendo un debe y provenga de una visión creativa.

    Seguro que la mayoría de los lectores se habrán sorprendido en algún momento por la capacidad que les ha surgido para realizar una tarea en un tiempo récord. En los eventos deportivos también hemos visto esta situación: en los últimos minutos, cuando ya hay pocas opciones, el esfuerzo de los que van detrás se ha multiplicado y, bastantes veces, han conseguido darle la vuelta a la situación.

    Estos entornos son propicios para conseguir un objetivo. Lo que no es tan seguro es que la calidad y la creatividad se puedan asegurar. Pero sí que muestran que, cuando hay un objetivo claro y un tiempo delimitado para conseguirlo, las neuronas se exprimen al máximo.

    Así pues, la primera fase para catalizar la calidad y la creatividad es disponer de un reto que busque un objetivo, y una temporalidad delimitada realista que marque un inicio y un final.

    El segundo elemento es el quién lo hace. El concepto de 'T' invertida es perfecto para este cometido. El reto debe analizarse y tratarse desde distintas perspectivas. Eso supone diferentes especializaciones y variadas capacidades. También es necesario que todos sean capaces de entender al otro. Cada persona, entonces, debe tener una especialización y/o una capacidad, y disponer de la transversalidad pertinente para conectar con el resto.

    Esa transversalidad es la que conduce a la colaboración. Todo el trabajo colaborativo suma siempre. Además, cada persona del equipo dispone de unas conexiones que debe compartir con el resto para dar un perfil de apertura al proceso. Un entorno con nodos internos de talento, conectados colaborativamente, y abiertos a nodos externos que completan esa red.

    El catalizador, quien lidera el proyecto, tiene, ya, los elementos para incidir en la creatividad. Pero se puede ser muy creativo sin dar cuenta de la calidad. Y la calidad va más allá del producto o servicio de lujo. La calidad es percibida por el cliente cuando el producto o servicio funciona, es duradero y genera confianza para volverlo a obtener con modificaciones mínimas.

    La calidad se visualiza en la conceptualización y el diseño, se concreta en el test y se ratifica con la producción. Ello vale tanto para un producto como para un servicio. El equipo de trabajo desarrolla la creatividad en la conceptualización y el diseño. Posteriormente, monitoriza el test y la producción. La clave está en el test con usuarios finales, como comentamos en el último artículo, antes de lanzar el producto definitivamente al mercado.

    ¿Es todo lo comentado algo que antes de 2019 no se había realizado? De ninguna manera. Pero, ahora que empieza un nuevo año, es momento de estar atento a los temas más punteros sin olvidar lo que ya es una normalidad.