Opinión

Evitar el foco, incorporar a transversales

  • Miércoles, 17 de Enero del 2018 CEDE

    La realidad más palpable en las empresas es que las capacidades que dan resultados van más allá de las competencias especializadas. Una persona puede saber mucho de números, pero puede costarle trabajar en equipo. Otra puede tener enormes conocimientos en programación, pero puede ser que distribuya mal el tiempo en los procesos. Cierto que todos tienen cabida en una compañía, pero la exigencia se mueve más hacia los que resaltan en las conocidas competencias transversales, que traspasan los números o los bits.

    Muchos directivos deben identificarse en el caso de haber incorporado a una persona brillante en un ámbito que, con el tiempo, ha sido un fracaso en su integración en el equipo. "Al final, prefiero tener a alguien con un cinco en leyes, pero con capacidad crítica y propositiva, que a alguien con un diez, pero cerrado y poco capacitado para liderar una reunión".

    Esta última frase es la caricatura de lo que pueden ser las competencias transversales: un tema que se ha analizado mucho, teorizado y del que ya se han generado programas y políticas públicas y en el sector privado. Esas competencias son aquellos atributos personales, sociales y de comunicación que inciden en la posterior interrelación con las personas y el entorno.

    Si vamos más a lo concreto, las instancias académicas y gubernamentales agrupan las competencias transversales en aquello que afecta la actitud, la comunicación, el pensamiento crítico, la ética en el trabajo, el trabajo en equipo, el liderazgo, la capacidad de gestionar una red, la gestión del tiempo, la motivación, la flexibilidad, la resolución de problemas y conflictos y la creatividad.

    No son pocas, pero algunos deben estar incorporados en cualquier persona de cualquier nivel dentro de una organización. Importante el que sea en cualquier nivel. Las competencias transversales no son una exclusiva de los cargos directivos.

    De momento, la Comisión Europea ha desarrollado una agenda de competencias transversales, con proyectos y procesos para ayudar a los centros educativos y a las propias empresas. En ese marco han trabajado todas las direcciones generales de la Comisión. Transversalidad pura.

    Ya hay un programa europeo, en el que participa España, para asesorar a las escuelas de educación primaria y secundaria en el desarrollo de esas competencias en los alumnos. Algunas universidades españolas han integrado ya las competencias transversales en la evaluación de los alumnos de grado y posgrado.

    Todo ese corpus teórico coincide con lo que piden las empresas, de acuerdo con distintos estudios como uno realizado en el Reino Unido. Para ellas, esa transversalidad debe residir en que las personas sepan tomar decisiones, tener compromiso, comunicarse interpersonalmente, tengan flexibilidad, liderazgo, sean creativas, resuelvan problemas, trabajen en equipo, bajo presión y con responsabilidad.

    Con todo lo expuesto hasta ahora, es muy interesante comprobar que algo que se pensaba que era innato, se haya elevado a la categoría de materia curricular. Se deben enseñar, pues, las competencias transversales. El aprendizaje en los centros educativos y en la propia educación superior puede hacerse de forma proactiva por parte del profesorado, pero también se puede incitar a los alumnos a que expresen y desarrollen esas competencias por otras vías si las tienen de forma latente (alguien que organiza un concurso de ideas o que lidera el equipo de balonmano de la universidad tiene unas competencias transversales que deben ser reconocidas).

    Pero, además, el aprendizaje debe ser a lo largo de la vida, y en las propias organizaciones. Potenciar las competencias transversales entre los equipos, y mediante los mismos miembros de esos equipos, es un aspecto a incorporar.  El valor de esas competencias es que facilitan el éxito de todo el equipo y, por ende, de la propia organización. Que la gran mayoría sean capaces de interactuar entre ellos y el entorno construye un flujo dinámico y transparente que es, sin lugar a dudas, enormemente positivo.