Opinión

La fuerza de un ecosistema propio

  • Jueves, 9 de Marzo del 2017 CEDE

    La construcción de un ecosistema es una herramienta muy adecuada para el desarrollo profesional. Las lineas de conexión con los nodos de ese ecosistema deben generar intercambios potentes y provechosos en todos los ámbitos. Ello va más allá de lo que se conoce como agenda de contactos.

    Uno puede tener una muy buena agenda de contactos pero un pobre ecosistema. La diferencia está en que la primera es un recopilatorio de datos para utilizar en momentos puntuales, mientras que el segundo supone un trabajo constante para alimentarlo y mantenerlo.

    El nivel de éxito depende mucho de con quién nos relacionamos. Se debe elegir bien quien está en nuestra red, con propósitos claros y con un compromiso de intercambio. Esta es la premisa que ratifica la importancia de un ecosistema. A partir de ello, los propósitos se mueven en los ámbitos de la inspiración, la mentoría, el impulso y el talento.

    En el caso de la inspiración, se trata de relacionarse con personas que generen puntos de partida para retos que uno se ha marcado. En la mentoría, son aquellos nodos de nuestro ecosistema que nos ayudan a conducir correctamente dichos retos. El ámbito del impulso ya son los nodos que facilitan la implementación. Y en el talento encontramos a aquellas personas que queremos incorporar directamente en esa implementación. Evidentemente, nosotros mismos debemos también cumplir esas funciones si estamos en el ecosistema de otra persona.

    Para construir y mantener ese ecosistema se debe gestionar a conciencia y con constancia. Es mucho más, como decíamos al principio, que recolectar contactos. Cabe analizar bien a quién incorporamos, ubicarlo en el ámbito correspondiente, y trabajarlo con reciprocidad y colaboración. Si queremos recibir, debemos dar. En el momento en que se rompe este lazo interactivo, se desmorona el trabajo realizado como un castillo de naipes.

    El siguiente elemento a tener en cuenta en esta construcción del ecosistema está en la consideración también del ámbito interno de la empresa. La premisa sobre la importancia con quién nos relacionamos para tener un nivel de éxito se acentúa más al tener en cuenta nuestro día a día. Está claro que nosotros no elegimos a los compañeros de trabajo, y ello debe ser una oportunidad más que un lastre. Para que esta oportunidad sea fructífera, la gestión interna del ecosistema implica mucha más dedicación, y más reciprocidad.

    En este punto es interesante considerar la importancia de ser consecuentes con nuestras ‘campañas’ de aproximación para integrar a nodos en el ecosistema. El símil de las campañas electorales es muy significativo. Hacer campaña es una cosa, y gestionar una vez obtenidos los resultados es otra muy distinta. Lo que ocurre es que lo primero no puede reñir con lo segundo. Es muy peligroso realizar campañas expansivas con mensajes impactantes. Tácticamente pueden ser beneficiosas, pero a largo plazo pueden provocar un efecto ‘boomerang’. La persuasión es necesaria, pero debe incidir en elementos realistas porque, una vez se ha confiado en nosotros, la gestión posterior debe cumplir con la propuesta inicial.

    Otro aspecto a tener en cuenta es el trabajar el terreno. Un ejemplo está en la recomendación a los directivos para que bajen a la sala de máquinas. Allí podrán conocer directamente el proceso de producción, pero también a las personas que hay detrás y los valores de que disponen. El ecosistema no es jerárquico y, precisamente, esas personas pueden muy bien aportar roles de inspiración, impulso, evidentemente talento y, también, mentorización en aquellos aspectos en los que carecemos de ‘expertise’ suficiente. Porque, sin duda, el ecosistema propio es más que una agenda de contactos.