Opinión

Humanismo y formación en la empresa

  • Miércoles, 21 de Noviembre del 2018

    De las personas es la responsabilidad para cualquier avance, freno o modificación. En el trabajo hay personas, y esas tratan entre sí. La formación se encamina para potenciar esa capacidad interactiva propia de un enfoque humanista.

    La máquina está hecha por humanos, y los humanos son más que máquinas. Este principio rompe con procesos mecanizados y jerárquicos dentro de una organización. El modelo humanista, con la persona en el centro, se ha visto amplificado por la capacidad interactiva que existe hoy día. Preparar y reforzar a las personas para gestionar a personas es una tendencia acorde con las capacidades profesionales actuales.

    Es significativo que algunas ofertas de trabajo incluyan temas impensables no hace mucho: "podrás salir a recoger a tus hijos del colegio", "puedes entrar a las 7am para salir a las 3pm", "dos días de teletrabajo a la semana” ... Estos son algunos ejemplos que demuestran que el bienestar de las personas es algo fundamental en su gestión.

    Este modelo de conciliación también se aplica en el propio entorno laboral. El bienestar debe ser detectable dentro de la empresa. Un primer indicio es el cambio de capacidades que ahora deben destacar en el talento profesional. Ahora se refuerzan las habilidades sociales, como afirman desde la Universidad de Harvard y desde otros foros.

    En 2015 el control de calidad era una de las diez habilidades más importantes, y la creatividad estaba en el último puesto. Para 2020, la creatividad está arriba de todo, junto con la gestión y la coordinación entre personas, la inteligencia emocional o el pensamiento crítico.

    En este contexto, la educación superior está ya tomando cartas en el asunto. Aparecen programas, modelos y plataformas de formación transversales enfocados a la educación más allá de la universidad, para integrarlo en las propias empresas. Además, la responsabilidad ética del comportamiento se refuerza desde las primeras edades. Esto es algo que cada vez más ha dejado de ser un tema reservado solamente a la teoría para ser aceptado en los propios estratos sociolaborales.

    Otro aspecto que se rearma es el de formar, y actualizar, para saber gestionar a personas. Todos los modelos de formación abierta, de intercambio de conocimiento y de estancias en otras instituciones educativas se han consolidado y refuerzan esa necesidad de saber interactuar con otros. A ello se le ha añadido la interconectividad tecnológica.

    El siguiente paso será todo lo relacionado con la realidad virtual, la inteligencia artificial y el ‘big data’ aplicado a la formación, de una forma equilibrada y adecuada para mantener el tono de interrelaciones personales.

    Porque, precisamente, el miedo a que la tecnología, la máquina, liquide a las personas en las empresas puede ser visto de otra forma: las personas podrán potenciar el valor del bienestar en el trabajo y para las soluciones destinadas a los consumidores. Cambiará el rol, pero la persona permanecerá, otra vez, en el centro.