Opinión

Mente abierta, empresa abierta

  • Jueves, 18 de Octubre del 2018

    Ver más allá de lo que tenemos es un primer paso para aplicarlo en la misma empresa. Esta es la premisa básica para una organización abierta. Esa apertura es la palanca para generar productos y servicios nuevos. Con esa palanca cabe, entonces, activar un proceso efectivo. Hay muchas oportunidades fuera que suman lo que hay dentro.

    Hace más de una década que se empezó a formalizar el concepto de innovación aplicada en las empresas. Desde entonces, se han añadido términos como la innovación abierta, el desarrollo colaborativo, los ecosistemas abiertos, la integración de servicios externos y la transversalidad en la toma de decisiones. Todo ello está vinculado con el abrirse y sumar capacidades.

    El gran reto de las empresas ha sido el de incorporar y activar esas oportunidades. Muchas veces, la teoría ha podido más que la realidad. La mayoría de esas veces ha sido por las tensiones internas para llevarlo a cabo. Abrirse es perder parte del control. Hacerlo bien es mantener la esencia, con el talento adecuado y con el apoyo firme desde la dirección.

    Pero lo cierto es que las iniciativas de apertura se han consolidado en las grandes corporaciones y se han materializado también en muchas medianas y pequeñas empresas. De hecho, estas últimas son las que más pujan por abrirse para integrar o integrarse en procesos de terceros. Todo ello se ha materializado en plataformas de innovación abierta, en procesos de desarrollo colaborativo o en la implicación activa en ecosistemas abiertos.

    La fórmula es sencilla: se quiere desarrollar algo que solos es mucho más difícil que hacerlo con otros. La exigencia actual del cliente exige muchas variables en las soluciones. Algunas de ellas son complejas para una organización, pero siempre hay alguien que conoce su realidad. Además, si la organización tiene un caminar lento por su volumen, cualquier elemento que agilice paralelamente un proyecto debe ser bienvenido.

    Esa fórmula se conoce como co-creación abierta, innovadora o no. Se vincula a toda la cadena de valor. Podemos co-crear de forma abierta desde el modelo de negocio hasta los procesos, el desarrollo de nuevos productos o servicios, el canal y la relación con el cliente

    Para procesar la aplicación de dicha fórmula lo primero es el liderazgo, como se ha dicho anteriormente, desde arriba. Lo segundo es captar al talento necesario para que se implique: de dentro y de fuera de la organización. De allí, se debe crear un modelo de equipo y de proceso basado en la concreción de necesidades, la investigación con clientes para validarlas, el prototipado y su validación con los mismos clientes, así como el plan de negocio para poder llevar a cabo la producción y lanzamiento del resultado final.

    ¿Se debe hacer a lo grande? Mejor empezar con pequeños proyectos mientras, en paralelo, se capilariza la cultura de la apertura en toda la organización. ¿Cuando se creerá en ese proceso? Cuando se comprueben los resultados. Este es la gran demostración del éxito: que termine en un tangible que pueda implantarse en la empresa. El fallo es evitable porque durante todo el proceso cabe validar si se va por el buen camino. Es evidente que siempre hay posibilidades de que el mercado no lo acepte, pero se salvarán porque la flexibilidad de ese equipo creado permitirá más ajustes.

    Toda esta temática está vinculada con temas que se tratarán la próxima semana en el XVII Congreso Directivos CEDE, donde las claves para crecer en la 4ª Revolución Industrial serán el eje del evento.