Opinión

La potencia de amplificar la dirección

  • Miércoles, 20 de Junio del 2018

    Intersectorial. Inclusión. Impacto social. Estos son tres vectores que han dejado de ser anecdóticos en la estrategia empresarial. Las instituciones supraestatales hace tiempo que inciden en estos términos mediante libros blancos y estudios globales. La presión de la sociedad y del mercado han terminado por ratificar su implementación en las empresas.

    Cuando en 2014 empezó en la Unión Europea el programa Horizon 2020 de innovación e investigación, se inició la incorporación de nuevos conceptos en los objetivos estratégicos. El enfoque estaba planteado ante los retos de la sociedad, de la ciudadanía: las personas en el centro, el entorno donde viven también. Otros organismos como Naciones Unidas, El Banco Mundial o el Foro Económico Mundial han expuesto discursos en sentidos similares.

    Volviendo a Horizon 2020, cuando solamente quedan dos años para su renovación, ya ha quedado claro que la sociedad puede moldear al mercado con más determinación que en tiempos anteriores. Por lo tanto, la dirección de las empresas debe tener capacidad para servir a esa sociedad. Amplificar la visión es un motivo para potenciar enormemente esta gestión y conseguir los objetivos ahora dominantes.

    Un primer vector a tener en cuenta es el de la intersectorialidad para abarcar más necesidades. Cualquier empresa sabe que, a partir de sus capacidades, puede optar a nuevos sectores que hasta ese momento no había hecho ninguna incursión. Puedo hacer zapatos para deportistas, pero también aprovechar esa tecnología para hacer calzado a gente mayor, o hacer accesorios para deportistas porque se conoce muy bien a ese cliente. De todos modos, no solamente hablamos de la competencia intersectorial. También los directivos deben moverse hacia los acuerdos intersectoriales. La suma de capacidades da respuesta más inmediata y efectiva a las necesidades de la sociedad.

    Un segundo vector para amplificar la visión directiva es el de la inclusión. La sociedad tiene ahora medios para ser activa y activista. La inclusión que ya funciona en ella debe tener también respuesta tanto en la gestión como en la oferta. Si no, la penalización es inmediata y compleja de mitigar. Pero no debemos considerar la penalización como un motivo para actuar bajo parámetros de inclusión. Debe formar parte de los principios directivos.

    Inclusión de género, cultural, social, demográfica son elementos sustantivos en un mundo transversal y fluido como el actual. Lo que se haga en sentido contrario a ello en cualquier parte del mundo es sancionado por la propia sociedad -que es el mercado- sin ningún pudor.

    Un tercer vector, interrelacionado con el segundo, es el del impacto social. Los directivos deben incorporar el impacto social en cualquier enfoque de negocio. Aquí es importante considerar que el impacto social va más allá de acciones de responsabilidad social corporativa, que también deben existir.

    Impacto social es incidir en que la sociedad viva mejor, tenga mejor bienestar, pueda evolucionar. ¿Un bolígrafo en sí puede tener impacto social? A bote pronto no, pero si el proceso productivo está pensado en clave de riesgo mínimo para el entorno sí. O, por ejemplo, si la empresa que lo produce dispone de un modelo claro de inclusión, también.

    Dicho todo esto, es un buen momento para recordar que este contexto dispone de unas herramientas para la implementación, representadas bajo el concepto de la nueva revolución industrial. Nada mejor que ahondar en ella en el XVII Congreso de Directivos CEDE,  “Claves para crecer en la 4ª Revolución Industrial”, que se celebrará en el Palacio de Congresos de Palma (Mallorca) el 25 de octubre de 2018.