Opinión

Separar para equilibrar

  • Jueves, 14 de Diciembre del 2017 CEDE

    El concepto de equilibrio personal y profesional cuesta de encajarlo con el modelo de vida actual. La flexibilidad, rapidez y sobrexposición informativa dificultan la separación de antaño de ‘trabajo-fuera del trabajo’. La necesidad ahora está en saber separar cuando uno trabaja y cuando está en ‘modo no laboral’.

    Sonaba el despertador de lunes a viernes. Preparados para ir al trabajo. Comprábamos la prensa para leerla en el transporte público, o se escuchaba la radio en el coche si no había metro o autobús para llegar al trabajo. Había casos en los que teníamos un rato con los hijos para hablar mientras les acompañábamos al colegio. Entrábamos a la oficina y, allí, era la representación del inicio de la jornada laboral.

    En algún momento, si podíamos, llamábamos por teléfono a nuestra pareja, o a algún amigo, para comentarle algo para hacer por la tarde-noche. Eran unos minutos, rápidos, para que nadie de la oficina pudiese acusarnos de no estar atentos al trabajo. Comíamos alrededor -si había suerte, podíamos acercarnos a casa-. Volvíamos y hacia las seis o las siete -o antes si debíamos recoger a los hijos- terminábamos el trabajo. Una vez fuera, no nos podían encontrar, si no llamaban al teléfono de casa por una urgencia muy urgente. En algunos casos, alargábamos la jornada tomando algo con los de la oficina. Encontrar el equilibrio era, básicamente, saber aprovechar el tiempo en la oficina para salir a una hora adecuada y poder dedicarnos a nosotros, a la familia y a los amigos.

    Si a ese ciclo le añadimos el correo electrónico y los teléfonos inteligentes, todo cambia completamente. La conexión con el trabajo existe las veinticuatro horas del día. Podemos comunicarnos con quien queremos en cualquier momento sin que nadie se dé cuenta. Pueden comunicarse con nosotros a cualquier hora, aunque no queramos. Encontrar el equilibrio ya no depende de la desconexión física, sino de la disciplina propia para saber separar lo que es trabajo y lo que no lo es.

    Es evidente que si el punto de partida viene de la concepción del trabajo como algo beneficioso, todo será más fácil. Una realidad compleja, pero posible. De todos modos, aunque ello no sea posible, sí que es factible saber desvincular los compromisos profesionales de los compromisos no-profesionales.

    El punto de partida reside en tener un concepto de éxito personal poliédrico y completo. Somos exitosos si lo que hacemos obtiene un sentido para nosotros y para los que nos rodean, en cualquier espacio y tiempo. En el momento en que actuamos, en que implementamos, debemos hacerlo con un foco productivo extremo, sin desviar la atención hacia otra cosa. Al terminar la acción, podemos pasar a otra cosa, sea profesional o no-profesional, sin sentir que traicionamos a alguien. Uno puede estar tres horas en la producción de un proyecto con el objetivo de terminar una de las partes y, una vez terminada, puede llamar a su hija para hablarle de cómo le ha ido esa mañana en la universidad, o consultar los próximos conciertos de jazz de esa semana en su localidad o los alrededores porque quiere ir con su pareja. Repetimos: la tarea la controla uno mismo con el objetivo de rendir al máximo, sea en el espacio o en el tiempo que sea.

    Hay metodologías que sirven para ser disciplinados en esta labor de separar lo laboral y lo no-laboral. En base a analizar dónde falla el equilibrio, se puede planificar una visión y un plan de acción para ser cumplido. La mayoría aceptan que es difícil, al final, cumplir lo escrito. Pero también la mayoría apuntan hacia actuaciones pequeñas que, habitualmente, son las que torpedean el cumplimiento de lo autoprometido.

    Esas residen en eliminar los ‘malos hábitos’ y, habitualmente, coinciden con el uso indebido de las herramientas digitales. Hay un interesante concepto a tener en cuenta en este sentido: el ‘digital detox’ -eliminación de sustancias tóxicas para el organismo, pero en el contexto digital-. Por ejemplo: poner en modo avión el móvil cuando estamos centrados en un tema; dejar de usar el móvil para ocupar los tiempos muertos o no enviar correos electrónicos de temas laborales cuando no trabajamos.

    Esta reflexión puede ser complementada, y es muy recomendable hacerlo, con el nuevo Cuaderno de la Fundación CEDE: La salud del directivo para un mejor liderazgo, en el que se resalta la importancia de la salud para las exigencias de una buena gestión directiva y para el bienestar de la propia organización, mediante los testimonios de profesionales de la salud y de expertos.