Opinión

¿Y si reforzamos la comunicación?

  • Jueves, 14 de Junio del 2018

    Muchas veces parece como si la comunicación en una empresa sea lo último de la fila, o lo primero que se liquida de un presupuesto recortado. Ello se repite en la gestión de la comunicación en la empresa y de los propios directivos. Curiosamente, se confirma que el marketing y la promoción son claves para darnos a conocer y vender más. Si se aplica lo mismo en la comunicación interpersonal y de marca, se pueden facilitar resultados positivos.

    Hagamos un interesante ejercicio al finalizar el día. Contabilicemos los mensajes enviados -mail, whatsapp,...-, las llamadas realizadas y las páginas consultadas online. ¿Más de cincuenta? Seguro. ¿Más de cien? Muy posible. Añadamos a ello las personas con las que hemos hablado en modo 'offline', en casa, en la oficina, en la tienda o el restaurante. ¿Más de cinco? Seguro. ¿Más de diez? Muy posible. La comunicación es el pilar de nuestras relaciones personales y profesionales. Los datos son evidentes. Ocurre que es algo tan inherente en nosotros que no se le da la importancia que se merece.

    En el plano directivo es una constante vital muy importante. Saberse comunicar puede determinar el éxito de la propia empresa. Esto atañe al refuerzo de la marca personal. Saber comunicar en la empresa también suma. Aquí estaríamos en el plano de la comunicación interna. Veamos más detalles sobre esos dos ámbitos.

    La marca personal. A gran escala, explica Marc Fetscherin en su libro 'CEO Branding', de la misma manera que las estrellas de cine aseguran taquilla para una película, los directivos pueden ser un buen termómetro para invertir en una empresa. La mayoría de analistas aseguran que comprarían acciones de una empresa con un CEO con reputación. También sirve para atraer talento. Los mismos analistas recomendarían a esas empresas para ir a trabajar.

    Esa reputación se consigue con una buena estrategia de comunicación. Y ello es posible a pequeña escala. Es decir, no es un coto cerrado a los Elon Musk de Tesla, Jeff Bezos de Amazon o Mark Zuckerberg de Facebook. ¿Cómo? Con acciones asumibles: disciplina en Twitter, artículos periódicos en una página personal, networking en asociaciones y agrupaciones, y movimientos en medios de comunicación cuando tenemos algo único y exclusivo para comentar.

    Pero, sobre todo, es importante que la comunicación para la reputación se haga con fundamento. Cualquier aspecto comunicado al exterior para marca personal debe ser fundamentado, acorde con lo que busca la empresa, con la estrategia de la organización y con su imagen. Cualquier cosa fuera de la honestidad y de la transparencia se puede girar en contra. Lo que se debe evitar es que la imagen del directivo en su estrategia de reputación sea totalmente distinta a la que se percibe de ella dentro de la empresa. Si no, la credibilidad se derrumba y, con la viralidad actual de las redes sociales, es muy fácil que se desmonte esa supuesta imagen exterior.

    Pasamos, pues, al otro ámbito de la comunicación que deben reforzar los directivos: la interna. Partimos, como decíamos al inicio, de que no se debe dejar de lado. Es un activo muy importante para mantener la línea adecuada de la empresa. Y para saber comunicar bien se debe saber escuchar. Si uno no escucha puede convertirse en alguien irrelevante. La bidireccionalidad de la comunicación es básica. Escuchar para actuar y moldear lo que se comunica.

    A partir de aquí, hay una serie de aspectos que se deben tener en cuenta en el entorno actual. La capacidad de gestionar la rapidez. Sin caer en los mensajes erróneos, cabe rapidez en la respuesta. La rapidez depende del saber reaccionar a tiempo, aunque sea con una respuesta provisional que mitigue reacciones contrarias. Esa rapidez se ve facilitada cuando se establecen unos estándares en los formatos de comunicación: reuniones agendadas, horarios para enviar mensajes internos, saber desconectar la información cuando se termina el trabajo, etcétera.

    Otro aspecto es el de la importancia de facilitar la horizontalidad de la comunicación, sin que sea jerárquica. Ello está muy vinculado al saber escuchar: debe ser aplicable a todos los departamentos y espacios de la compañía.

    En definitiva, al final del día debemos haber comunicado mucho, pero los mensajes deben ser de calidad, fundamentados, con un propósito y, siempre, en beneficio de los objetivos propios del negocio.