Juan Pablo Borregón, presidente de AEDIPE

05/06/2020

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¿Cómo está afectando esta situación a su entidad y a su sector?, ¿qué repercusiones prevé? 

Como director de Talento de una empresa pública de transporte de viajeros en autobús, nuestra actividad ha estado regulada durante el estado de alarma, limitando la oferta al 30% de nuestra capacidad. La demanda, por el confinamiento de los ciudadanos y su miedo al contagio, ha caído en un 90%. Nuestra previsión es que durante varias de las fases de la «desescalada» como medida preventiva la capacidad de ocupación de los autobuses seguirá limitada para garantizar la distancia social, con lo que eso supone de pérdida de ingresos. Interrumpido el flujo de los usuarios cotidianos durante el verano por las vacaciones, los turistas que visitaban la ciudad eran una garantía de sostenibilidad del negocio durante ese periodo. Afluencia de turistas que durante el verano 2020 tampoco tendremos. En conclusión, estamos aún lejos de nuestra recuperación de actividad en esta «nueva normalidad».

Como presidente de la Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas, que representa a los profesionales de la función de gestión de personas en las organizaciones, manifiesto mi orgullo por la dedicación, compromiso y profesionalidad con las que mis compañeros de profesión han ayudado a sus empresas a gestionar la difícil coyuntura provocada por la crisis del COVID-19, garantizando su viabilidad económica y operativa.

 

En el contexto actual, ¿cómo se puede mantener la confianza en los mercados?, ¿y dentro de la empresa? 

La agilidad con la que muchas empresas se han adoptado a las nuevas circunstancias me anima a pensar que, a pesar de que se trata de una crisis sistémica e imprevisible, estábamos mucho mejor preparados internamente para afrontarla que en la del 2008. Por otra parte, a pesar de su intensidad, se trata, a diferencia de aquella, de una situación coyuntural y, por tanto, pasajera en el medio plazo.

Me ha sorprendido gratamente la espontaneidad con la que muchas empresas motivadas por su compromiso social han adaptado de forma muy ágil sus procesos productivos para fabricar material o equipos sanitarios, o para ponerse de acuerdo con otras en una iniciativa colaborativa. Eso me hace ser moderadamente optimista sobre el músculo del espíritu emprendedor y su capacidad de reinventarse para superar la crisis que se avecina.

 

¿Existen diferencias y semejanzas entre cómo ejercer el liderazgo en un entorno de alarma social como el actual y otras situaciones? 

A liderar en un entorno VUCA ya llevábamos algunos años practicando, pero probablemente nunca como hasta ahora con una incertidumbre de tanta intensidad. Hemos tenido que abordar de forma improvisada un liderazgo de equipos remotos, para el que no estábamos entrenados, y que rompe con nuestra cultura «controladora» del desempeño de nuestros colaboradores. Y hemos tenido que liderar gestionando el miedo, normalmente paralizante de la acción, y creo que lo hemos hecho aceptablemente bien.

 

Desde su experiencia, ¿qué recomendaciones daría a los directivos para gestionar la coyuntura actual? 

En respuesta a esta pregunta, tengo que «barrer para casa»: el primer mensaje que lanzo a los directivos, como presidente de AEDIPE, es que tengan plena CONFIANZA en la capacidad para liderar la presente situación y las próximas de sus responsables de la Dirección de Personas, y en su aportación de valor «tangible» y medible a sus organizaciones.

En segundo lugar, que tengan CONFIANZA en sus equipos. Y para eso es importante mantener serenidad en el pilotaje del barco, haciendo todo lo posible por no prescindir de ningún colaborador.

En tercer lugar, CONFIANZA en la capacidad del talento colectivo de nuestras empresas para superar las dificultades que traerá la eufemísticamente llamada «nueva normalidad».

Por último, pedirle a nuestros dirigentes políticos que tengan CONFIANZA en la madurez y responsabilidad de empresas y sindicatos, de probada eficacia en crisis anteriores, y a su capacidad para autorregularse de forma adaptada a cada sector y empresa, para garantizar su viabilidad económica.