Oportunidades en Economía Colaborativa

19/06/2016
La combinación de la imaginación y tecnología de startups de la economía colaborativa con los recursos de empresas “maduras” podría convertirse en una estrategia habitual en los próximos años.

Se entiende por economía colaborativa (sharing economyaquella que permite a los individuos y grupos cubrir sus necesidades a partir de la movilización e intercambio de activos y habilidades subutilizados. La ingente cantidad de activos en manos de los ciudadanos (objetos, instrumentos, productos, viviendas, pero también el tiempo y conocimientos de las personas) es posiblemente incalculable.

En la economía colaborativa, los activos físicos y las capacidades de las personas son compartidos como servicios. Se trata, por lo tanto, de la creación de un mercado de servicios a partir de los activos en manos de los individuos. En síntesis, se trata de la utilización eficiente del exceso de activos (tangibles e intangibles) en manos de los ciudadanos. Y en la base del fenómeno está
la sustitución del paradigma de la propiedad (poseer el producto) por el del acceso (poder usar el producto). El acceso es la nueva propiedad.

Internet es claramente el vehículo que facilita la localización de los activos, así como su intercambio. “En Internet todo está en alquiler”, se ha dicho. Internet es el gran instrumento de coordinación de esta economía colaborativa. Su tecnología ha reducido el coste de las
transacciones a prácticamente cero, y sus interfaces intuitivas simplifican al máximo el intercambio, sin requerir formación de ningún tipo, y facilitan una economía a gran escala y global. En esta economía, la gestión de la reputación es esencial: el comportamiento de uno es evaluado por sus actos.

El reto para las empresas es cómo aprender de las innovaciones generadas en el entorno de la economía colaborativa, y cómo incorporarlas para adaptarsus modelos de negocio. Una pregunta crecientemente relevante será “en una economía en la que los ciudadanos comparten sus productos y servicios, ¿qué espacio queda para los productos y servicios de las empresas?”.

La economía colaborativa actúa como un potente motor de generación de startups, que combinan la imaginación con la tecnología para lanzar nuevas propuestas que pueden acabar disruptando sectores tradicionales. Aunque el capital necesario para lanzar una startup en este campo no es muy elevado, puesto que la tecnología ha reducido de forma sustancial el coste de creación y lanzamiento, estas startups carecen, por lo general, de recursos para escalar sus actividades, lo que puede estimular su relación con empresas maduras. Y grandes empresas del mundo se organizan  para aprender colaborativamente del fenómeno de la economía colaborativa.

Emerge un potencial aún mayor: el de nuevas formas de poder. Los usuarios (ciudadanos) pasan de ser meros consumidores pasivos a cocreadores activos. Comparten recursos, cocrean con empresas, aportan fondos, fabrican productos en su casa y son copropietarios de sus productos. Estas nuevas formas de producción, distribución y consumo demuestran que los usuarios-ciudadanos quieren utilizar su inalienable derecho a participar, y con ello reinventan las formas de participación política (tecnopolítica).

Son diversos los temas críticos pendientes de resolver en esta economía colaborativa: la regulación y/o autorregulación de las actividades, el uso de la información de los usuarios, el contexto laboral, la fiscalidad, el uso de los datos personales, el impacto en otros sectores “convencionales” de la economía, la dedición de una economía que no puede evaluarse sólo por los flujos monetarios, el equilibrio de fuerzas entre plataformas y usuarios, etc.