Oportunidades en Innovación Sistemática

11/07/2016
Estimular la aparición de intraemprendedores en la organización, y encontrar una forma de relación simbiótica con startups, puede resultar útil para fomentar la innovación en la empresa.

En un mercado crecientemente complejo, global y competitivo, innovar se ha convertido en una necesidad. Los ciclos de vida de los productos son más cortos, las preferencias de los clientes cambian más rápidamente. La tecnología incorpora nuevas prestaciones que aumentan el valor percibido de productos y servicios. La presencia en mercados globales exige productos innovadores que puedan competir. Y la captación y retención de talento exigen que la empresa proponga a sus equipos un sentido de participación en el progreso del mundo. Innovar no es hoy una cuestión opcional: las empresas tienen que definir una estrategia de innovación (desarrollar objetivos, métodos, culturas, equipos, prácticas, espacios y métricas para innovar de forma sistemática).

Se tiende a confundir innovación e I+D (investigación y desarrollo). La I+D suele tener un foco en la investigación científica o tecnológica aplicada, que convierte descubrimientos de fenómenos físicos en soluciones para problemas y necesidades de personas y organizaciones. Por su parte, la innovación se centra en crear o mejorar el valor aportado a, y percibido por, los agentes implicados en el uso de un producto, servicio o experiencia. Así, una innovación destacable puede derivar de un simple cambio en un proceso o procedimiento, sin ninguna modificación de los fundamentos del producto.

Innovar consiste en convertir ideas en valor para generar resultados. Aunque tendemos a pensar que la innovación es un acto creativo individual y esporádico, las empresas que mejor innovan en el mundo basan su estrategia en equipos que lo hacen de forma sistemática. El principal foco de la innovación debe ponerse en cómo convertir las ideas en valor. El agente principal, el consumidor, usuario o cliente, debe considerar que la propuesta de valor es suficientemente atractiva para adoptarla (y, por lo general, para pagar por ella). Pero la innovación también debe aportar valor a los miembros de la organización y a la sociedad en general. Y la innovación debe generar resultados para la organización, para que el motor de la innovación pueda seguir funcionando de forma sistemática.

Los expertos en innovación coinciden en destacar que la innovación requiere una combinación de actitud y método. La organización y, en especial, su dirección, debe estar convencida del valor de la innovación para estimular a todos sus miembros a contribuir a ella. Pero de nada sirve esta actitud si no se dispone de metodología e instrumentos, de un sistema de innovación. Y de un sistema de métricas de innovación.

Las empresas utilizan estrategias diferentes para estimular la innovación. Así, por ejemplo, algunas definen laboratorios de innovación cuya función es desarrollar nuevos productos y servicios. Otras contratan servicios de innovación externos (innovation outsourcing). O se trabaja con departamentos universitarios con un cierto foco de investigación aplicada. Otras facilitan tiempo creativo (free thinking time) para que sus empleados puedan trabajar en nuevos proyectos con libertad. O se observan de forma atenta las innovaciones que se producen alrededor con una metodología de innovación abierta (open innovation). Otras se rodean de orbitales de startups que dispongan de mayor energía creativa y con las que puedan combinar el potencial de sus mercados actuales. También se recurre a redes de expertos externospor ejemplo, a científicos que deben responder a un reto a cambio de un retorno económico. O se lanzan retos abiertos a los que puede responder cualquiera (crowdsourcing). O se invita a emprendedores a que “vivan” un tiempo en la organización (entrepreneur in residence). 

Existe un debate sobre si las empresas de gran tamaño pueden innovar. Incluso se ha sugerido que es difícil desligar innovación y emprendeduría: parece que es la energía, la voluntad y el empeño de los emprendedores los que hacen que una innovación prospere. También se cuestiona qué debe hacerse para que funcionen los distritos de la innovación por los que han apostado tantas ciudades en el mundo.