Oportunidades en el Internet de las cosas

09/05/2016
Es previsible que la oportunidad de transformar más y más objetos en objetos inteligentes conectados fertilizará la aparición de miles de iniciativas empresariales.

Si la primera generación de Internet ha tenido como resultado la conexión de prácticamente toda la población mundial, la próxima generación promete conectar entre sí a la mayor parte de los objetos existentes en el mundo. Se trata de una Internet de “cosas” conectadas, que intercambian datos e interaccionan de alguna forma, ya sean sensores, máquinas, instrumentos, teléfonos, automóviles, dispositivos de todo tipo, de manera que quizás fuera más correcto denominar a la red resultante como “la red de todo” (Internet of everything).

Su desarrollo conllevará importantes inversiones, en la adecuación de los objetos ya existentes y en el despliegue de las infraestructuras necesarias, una aceleración de la innovación tecnológica, y posibilitará nuevos servicios, impulsados por miles de startups, que posiblemente estimularán nuevas profesiones. Algunos expertos estiman que el tamaño de la Internet de las cosas (IoT: Internet of things) será de más de 50.000 millones de objetos en 2020.

El potencial transformativo de la IoT deriva de sus fundamentos: millones (potencialmente miles de millones) de objetos inteligentes conectados (smart connected products). La aplicación inteligente de los datos capturados por estos objetos posiblemente derivará en nuevas formas de creación de valor (nuevos usos de los productos y nuevos servicios derivados). Se tratará, en muchos casos, de pasar de vender productos a proveer eficiencia. Un ejemplo ya muy extendido consiste en la transformación del modelo de negocio de los fabricantes de motores de aviación, que han pasado de simplemente vender esos motores a las aerolíneas a darles un servicio de monitorización a distancia, que optimiza el mantenimiento de los mismos.

Electrodomésticos que se conectarán a la red eléctrica cuando los precios sean óptimos, automóviles que avisarán antes de que ocurra una avería, parkings privados en las ciudades puestos en alquiler para su uso temporal en momentos de congestión, autopistas que modifican la circulación de sus carriles de acuerdo con el aumento de la circulación, locomotoras que modificarán sus parámetros de funcionamiento para optimizar el consumo de combustible de acuerdo con las circunstancias, prendas deportivas con sensores incorporados que medirán diferentes variables físicas del usuario, dispositivos médicos que aconsejarán acciones puntuales a pacientes con enfermedades crónicas, etc.

Las aplicaciones de la IoT se producirán en todos los sectores, y afectarán a amplios espectros de la población. En especial, podemos imaginar aplicaciones en las personas (smart health), viviendas (smart home), ciudades ( smart cityO “ciudad inteligente”, término que se refiere a un tipo de desarrollo urbano basado en la sostenibilidad. Una ciudad o complejo urbano podrá ser calificado de inteligente en la medida que las inversiones que se realicen en capital humano (educación), en aspectos sociales, en infraestructuras de energía (electricidad, gas), tecnologías de comunicación (electrónica, Internet) e infraestructuras de transporte, contemplen y promuevan una calidad de vida elevada, un desarrollo económico-ambiental duradero y sostenible, una gobernanza participativa, una gestión prudente y reflexiva de los recursos naturales, y un buen aprovechamiento del tiempo de los ciudadanos.) y en las industrias ( industrial internetSe refiere a la integración de sensores en red y software en la maquinaria física compleja. Dicha integración, que consigue que las máquinas sean inteligentes, es decir, que puedan tomar decisiones en función de los resultados de su interacción con el medio, está en el origen del internet de las cosas. El coche sin conductor de Google pertenece al ámbito de desarrollo del internet industrial: toma datos ambientales de un dispositivo montado en el techo, identifica los obstáculos y la geometría de la carretera con una máquina con “capacidad de visión” y controla en tiempo real el acelerador del coche, los frenos y el dispositivo de conducción mediante software y sensores.).

La IoT convertirá a muchos productos “aislados” en parte de sistemas. Así, una simple bombilla eléctrica se puede convertir en parte de un sistema ambiental que cambia colores, intensidad lumínica, sonido, temperatura y circulación de aire, de acuerdo con el efecto buscado en las personas en cada situación. Y, a su vez, uno de estos sistemas se convierte en parte de un sistema de sistemas. Un simple tractor, por ejemplo, provisto de los sensores e instrumentos de comunicación adecuados, se convierte en un componente de un sistema complejo del que forman parte otros sistemas como la red de sensores meteorológicos, la de optimización de las cosechas, o la lonja digital de precios agrícolas. De esta manera, se consigue la máxima eficiencia en la aplicación del tractor, puesto que cosechará en el momento más adecuado desde una combinación de variables (humedad, lluvias, precios en los mercados, etc.).

El impacto económico de la IoT derivará, como en cualquier red, de la aceleración de los efectos red que resultan de conectar un progresivo mayor número de objetos. Más aún, el valor derivará de crear plataformas sobre las que circulen servicios lanzados por una diversidad de agentes. Se tratará, por lo tanto, de una economía de plataformas. El enfoque estará cada vez más no en añadir nuevas características a un producto, sino en generar comunidades que utilicen el producto, a ser posible de nuevas maneras, para crear así efectos red.