El modelo de trabajo híbrido lleva años instalado en las organizaciones, pero la tensión que genera no ha desaparecido. Un análisis reciente de ESADE Do Better pone el foco donde realmente reside el problema: no en la ubicación del empleado, sino en los modelos de gestión que muchas empresas no han sabido actualizar.
La evidencia disponible no respalda la idea de que la presencialidad sea más productiva que el trabajo en remoto o híbrido. Lo que sí revelan los datos es que el 85% de los directivos reconoce que su principal objeción a la flexibilidad es la falta de confianza en que los equipos rindan igual fuera de la oficina. Ese dato, por sí solo, define el verdadero diagnóstico.
Norbert Monfort, asistente académico del Departamento de Dirección de Personas y Organización de ESADE, señala que insistir en la presencialidad total reduce el acceso al talento y puede excluir a perfiles que valoran entornos más flexibles. Por su parte, Carlos Cortés, colaborador académico del Instituto de Innovación Social de ESADE, recuerda que el modelo híbrido se alinea con lo que muchos profesionales esperan hoy: mayor autonomía y sentido de propósito.
El análisis concluye que las organizaciones que realmente se adapten no serán las que ejerzan más control, sino las que redefinan cómo entienden el rendimiento, el liderazgo y la responsabilidad. La oficina, en este nuevo marco, debe evolucionar hacia un espacio de colaboración y cohesión, no de trabajo individual rutinario.







