India y China han protagonizado en las últimas décadas una transformación económica sin precedentes que ha reconfigurado el panorama global. Aunque partían de niveles de renta similares en los años setenta, sus trayectorias de crecimiento se han separado con claridad. Mientras China consolidó su expansión a través del sector manufacturero, apoyado en la inversión extranjera y la apertura comercial, India ha basado su dinamismo en el sector servicios y en un creciente peso del capital y la productividad tras las reformas de los noventa.
El análisis de CaixaBank Research examina la evolución comparada de ambos modelos de desarrollo desde la óptica de los factores productivos —capital, trabajo y productividad— y destaca las diferencias estructurales que explican su divergencia. La India cuenta con un potencial demográfico favorable, avances notables en educación y una digitalización en expansión, aunque sigue afrontando retos relevantes como la alta informalidad laboral, la baja participación femenina y la necesidad de mayor impulso manufacturero.
La reflexión subraya que la capacidad de India para convertirse en motor de crecimiento global dependerá de profundizar en las reformas institucionales, potenciar la inversión y acelerar la transición hacia sectores de mayor productividad.







