Estamos ante un nuevo contexto que sin duda supone un reto importante para los países y las empresas, pero que en parte se sustenta en una dicotomía, quizás no del todo honesta, entre intereses y valores.
Aunque cuando se está inmerso en una es difícil apreciar sus contornos, por falta de perspectiva, parece evidente que en los últimos años el mundo se ha adentrado en una nueva etapa histórica. En lo político se caracteriza por una lógica de bloques más o menos enfrentados (o cuando menos, no alineados) y en lo económico por una nueva fase de globalización, como mínimo más regionalizada. En lo que respecta al contexto geopolítico, en determinados ámbitos se subraya el conflicto creciente, o la división del mundo, entre democracias liberales y autocracias. Incluso se ha querido promover una «coalición de democracias» para hacer frente a ese contexto.







