Nuestro cerebro utiliza atajos mentales para simplificar la realidad, pero estos sesgos cognitivos pueden condicionar de manera decisiva nuestras decisiones. El artículo repasa algunos de los más frecuentes —como el efecto Dunning-Kruger, el sesgo de confirmación o la falacia del coste hundido— y muestra cómo influyen en nuestro día a día.
Para los directivos, comprender estos mecanismos resulta clave: la calidad del liderazgo y de la estrategia empresarial depende en gran medida de reconocer y gestionar estas distorsiones. Ser conscientes de cómo afectan a la percepción, la comunicación y la gestión de equipos es un primer paso para tomar decisiones más objetivas y fortalecer la capacidad de liderazgo.







