Las políticas de trabajo híbrido a menudo tienen éxito o fracasan según las decisiones de los mandos intermedios. Una nueva investigación revela por qué muchos responsables se sienten poco preparados para que el trabajo híbrido funcione en la práctica.
La pandemia trastocó los entornos laborales de todo el mundo y, desde entonces, el trabajo híbrido se ha convertido en una opción popular entre quienes buscan un mayor equilibrio entre vida personal y profesional. Nueve de cada diez organizaciones han adoptado alguna modalidad de trabajo híbrido para sus equipos.
Se ha debatido mucho sobre si el trabajo híbrido mejora la productividad, cuántos días deberían acudir los empleados a la oficina o si la colaboración y la cultura de empresa se nutren mejor de forma presencial. Sin embargo, el debate suele ignorar a un grupo fundamental: los mandos intermedios, encargados de hacer que las políticas híbridas funcionen en la práctica.







