Cualquier líder debe ser capaz de navegar en aguas turbulentas para activar las mejores decisiones. Pueden ser buenas o malas, pero serán las más necesarias en esos momentos. Para ello cabe una serie de capacidades y estrategias. Para convivir con la presión se necesita talento, pero se necesita más aprendizaje y práctica.
El punto de partida es disponer de un plan de crisis. Es necesario para ir con rapidez, efectividad y concreción en las respuestas a rapidez y la efectividad en la respuesta. La comunicación clara entre todos los participantes facilitará la ejecución de ese plan.
En el caso de no disponer de un plan de crisis, lo primero que cabe hacer es evaluar los riesgos de la toma de decisiones. La presión puede conducir a decisiones rápidas, pero mal pensadas. Los beneficios potenciales deben balancearse con los posibles peligros. Con las herramientas adecuadas para ser ágiles, es importante evaluar efectos económicos, de mercado y de procesos a medio y largo plazo.
Y son precisamente las herramientas lo que debe considerarse para saber actuar en escenarios adversos. Ya antes de que lleguen, la dirección debe apostar por invertir en la gestión de datos. Volvemos aquí al artículo de la semana pasada sobre datos y cómo manejarlos. Reiteramos, pues, la gestión de datos debe ser una estrategia para saber actuar en tiempos de bonanza, y para saber decidir en tiempos de complejidad.
Escuchar al interno y el externo
Ante la complejidad, caben visiones múltiples. Ellas pueden salir de dentro o de fuera de la empresa. Si se ha fomentado una colaboración y diálogo con los empleados se tendrá una visión más directa y focalizada de lo que ocurre en las distintas partes de la cadena de valor.
Ello proporciona información y soluciones que la dirección puede no haber captado o tenido en cuenta. Además, si se vincula a los equipos en el proceso de toma de decisiones se aumenta su compromiso con la organización. El mismo valor de captación de información se puede obtener con asesores externos. El ecosistema interno y externo son importantes.
Además de acciones concretas hay aspectos que deben valorarse también en la toma de decisiones en momentos complejos. El líder debe considerar los aspectos éticos y de responsabilidad. Las decisiones críticas pueden tener implicaciones éticas y sociales. A veces el cortoplacismo da lugar a errores irreparables.
Los efectos en la empresa pueden ser devastadores al perder la credibilidad tanto en los clientes finales como en el interno de la organización. Así, la dirección debe plantarse cómo sus decisiones afectarán a las diferentes partes interesadas y asegurarse de que están actuando de manera justa y responsable.
Las capacidades para liderar en situaciones de gran presión, pues, son poliédricas. Implican elementos estratégicos, analíticos y humanos. Cabe estar preparado y tener resortes suficientes para poder anticiparse o actuar con rapidez.







