Datos y el ecoconsumidor

miércoles 21 de septiembre del 2022
El consumidor consciente con la sostenibilidad ha aumentado. También ha aumentado la captación y tratamiento de datos para aplicar en las estrategias de venta y retención de clientes. Aunque parezca complejo, es posible casar estos dos aspectos: el ecoconsumidor es también un consumidor digitalizado, con lo que es consciente del valor de los datos siempre dentro de mantener la legalidad establecida sobre la protección de la privacidad.


La captación y proceso de datos en el marco del consumidor es una apuesta consolidada en las empresas. Hablamos de datos estructurados y no estructurados. Cierto que en este contexto el debate sobre el exceso de captación de datos existe. La normativa de protección de la privacidad, en la Unión Europea, el GDPR, está muy definido. El marco normativo, pues, queda claro para saber cómo actuar.

En paralelo, ha crecido ostensiblemente la concienciación sobre un consumo más sostenible. El ecoconsumidor quiere que la oferta respete el medioambiente en toda su cadena de producción. Quiere que el packaging sea sostenible. Prefiere que la distribución sea también sostenible.

Este ecoconsumidor, ubicado en las nuevas generaciones, es digital. Por ello, es consciente de que la captación de datos en el entorno digital forma parte de la nueva realidad. Muy posiblemente lo acepta y, a su vez, exige que se respete su privacidad.

Analicemos un poco ambos lados de la moneda, los datos por un lado y al ecoconsumidor por el otro. Sobre los datos, el tipo que recogen las empresas abarcan distintos campos. Primero, está el de los datos personales, como identificadores nominales, de edad, género o geolocalización. Están también los no personales pero también identificadores, como la dirección IP, o el tipo de dispositivo con el que se conecta.

Otro tipo de datos son los de interacción. Se trata de aquellos que indican como los consumidores interactúan con las páginas web, las redes sociales, los anuncios en las propias webs o las redes sociales, o también las rutas que siguen en los procesos de atención al cliente.

Después están también los datos de comportamiento ante, sobretodo, procesos de compra. Estos pueden ser cuantitativos -las veces que se busca información sobre un producto, por ejemplo- o cualitativos -cómo mueve el ratón en una página web, o cómo se mueve en una calle en la que hay distintos comercios.

Finalmente, y parecidos a los anteriores, están los datos sobre la actitud del consumidor. Integran datos sobre su satisfacción de compra, o de trato, sobre el valor que aporta a un producto, o sobre los tiempos en responder encuestas de satisfacción, por ejemplo.

Y, sobre todos estos datos, ¿qué hacen las organizaciones? El proceso de esos datos deben servir para activar acciones o mitigar acciones que mejoren las compras y la atención con los consumidores. Ello puede pasar por activar una nueva estrategia de marketing o activar acciones específicas para la mejora de la experiencia del cliente, para aumentar la conversión de las acciones en compras, o para generar metadatos a partir de la agregación de los datos disponibles.

Y, el ecoconsumidor, ¿cómo responde a ello? Cabe remarcar que una reciente encuesta de YouGov indica que más del 75% de los consumidores en los Estados Unidos esperan que las empresas sean conscientes con el medio ambiente. En la Unión Europea, con el Pacto Verde, se activarán ya regulaciones ante las que muchas empresas hace tiempo que se han preparado.

Las empresas de bienes de consumo envasados, o las de la alimentación, cuidan mucho de ofrecer productos que respeten el medo ambiente, tanto en su producción como en su envasado. Conceptos como la huella de carbono, o la huella hídrica, lo tienen muy en cuenta. A su vez, otras empresas ya empiezan a considerar que los propios proveedores deben ser sostenibles.

Por lo tanto, los ecoconsumidores no retrocederán, y las empresas avanzarán aun más en la sostenibilidad. Y ello no choca con que la captación de datos siga en ese marco del ecoconsumo. Lo que será clave, para mantener la transparencia y credibilidad del consumidor, es que las empresas respeten la normativa vigente de protección de datos. Pueden ser muy sostenibles, pero si el consumidor, el ecoconsumidor, que es digital, ve atentados sus derechos, perderá inmediatamente la confianza hacia esa organización.