Del ESG al ESD: una nueva responsabilidad empresarial

jueves 26 de junio del 2025
Actualmente el paso del modelo de responsabilidad ESG al enfoque ESD se vislumbra como una de las transformaciones en la estrategia empresarial. Ya no se trata solo de cumplir con criterios ambientales, sociales y de gobernanza. Se trata de anticipar, integrar y transformar desde el núcleo del modelo de negocio.


Las empresas empiezan a ampliar el foco del modelo ESG para su responsabilidad social.

En un artículo anterior de CEDE ya apuntábamos la necesidad de trascender el cumplimiento formal de indicadores sostenibles para convertirlo en un eje estratégico con el modelo ESG (Environment, Social, Governance). Aquella reflexión, vigente, encuentra ahora una evolución en el nuevo enfoque ESD (Emerging, Strategic, Disruptive), que está marcando un cambio de paradigma entre empresas que desean liderar con sentido en un entorno cada vez más impredecible.

Durante más de dos décadas, el marco ESG (Environmental, Social, Governance) ha representado un estándar de referencia para evaluar la responsabilidad corporativa, centrándose en el impacto ambiental, social y de gobernanza de las organizaciones. Es muy útil para sensibilizar, sistematizar y poner en agenda la sostenibilidad empresarial.

En los últimos años se han hecho visto algunas limitaciones, como la desconexión con la realidad operativa de muchas empresas y, en algunos casos, su instrumentalización como herramienta de marketing reputacional más que como motor de transformación real.

El enfoque ESD emerge precisamente como respuesta. No se trata de sustituir al ESG, sino de ampliarlo y actualizarlo en clave estratégica. La E de ‘emergente’ hace referencia a la necesidad de identificar y actuar sobre riesgos y oportunidades ante temes intensos ahora como el cambio climático extremo hasta el gap regulatorio ante el avance exponencial de la tecnología. Las empresas deben anticiparse y construir como abordar los cambios desde la vigilancia activa del entorno.

El segundo pilar, la S de ‘strategic’, redefine el impacto de la acción y la oferta como parte esencial del negocio. Así, la ESD incide en que el impacto social, ambiental y ético debe integrarse en el modelo de negocio, en las decisiones de inversión, en las cadenas de valor y en la relación con los ecosistemas.

Las organizaciones más avanzadas ya no miden únicamente su rentabilidad económica, sino también su capacidad para generar valor positivo para la sociedad. El propósito, por tanto, deja de ser una declaración aspiracional para convertirse en una directriz operativa.

Por último, la D de ‘disrupción’ apela a una innovación que no se conforma con mejorar lo existente, sino que transforma los sistemas. Hablamos de inteligencia artificial con principios éticos, de blockchain aplicado a la trazabilidad de cadenas de suministro, de nuevos modelos laborales cooperativos, o de productos diseñados desde su impacto positivo.

Este tránsito del ESG al ESD está empezando a reconfigurar las métricas de éxito empresarial. Muchas organizaciones están adoptando modelos que priorizan la creación de valor sostenido, la adaptación al contexto y la coherencia entre lo que una empresa declara y lo que efectivamente hace.

Para los equipos directivos, este cambio implica asumir un liderazgo más consciente, más transversal y más conectado con los desafíos del entorno. Requiere nuevas capacidades: desde la captación a tiempo y estratégica de tendencias hasta la gestión de la complejidad y la construcción de culturas alineadas. También exige valentía para asumir que no todo está bajo control, pero que sí se puede elegir cómo posicionarse ante la incertidumbre.

En definitiva, el enfoque ESD representa una evolución natural. El reto ahora no es solo reportar bien, sino actuar bien.