El valor de explorar

jueves 17 de febrero del 2022
Las prisas son malas consejeras. Una afirmación antigua que siempre se mantiene en vigor. El valor de la exploración en los negocios ratifica que se deben evitar las prisas que obliguen a actuar para, supuestamente, avanzarse al mercado. Conocer, probar y validar es la exploración necesaria para las organizaciones.


La incertidumbre es la constante en la que viven las empresas. El experto Alexander Osterwalder ha conceptualizado esa incertidumbre. Se materializa en un camino que pasa de forma regular entre la exploración y la explotación, entre la observación y la actuación. El motor de crecimiento, dice Osterwalder, está en comprender la dinámica entre explorar y explotar.

A partir de esta reflexión, se puede confirmar que en las organizaciones se cree más en la ejecución que en la observación. Cierto es que dicha observación se ha materializado en herramientas de monitorización de datos de los clientes. Pero esta es una parte, solamente una, de la observación. Hay mucho más allí fuera. Es precisamente conseguir el equilibrio entre la gestión de explorar y explotar lo que facilita la activación de resultados positivos para las compañías.

Las técnicas de exploración pasan por distintos espacios y formatos. Evidentemente, salir a fuera y observar es una de ellas. Pero esa salida debe estar planificada. Una vez se dispone de la idea, se debe activar una primera búsqueda clásica de si existe alguna solución similar, de quién la ha hecho y de su camino para conseguirlo.

A partir de aquí, se puede hacer un primer descarte de la idea. Si sigue adelante, cabe definir un plan de actuación en la búsqueda: ver, observar fuera con un objeto definido para volver a la actuación posterior necesaria.

La segunda exploración es la de mirar en nuevos mercados. Y se puede hacer de forma menos arriesgada, a partir de la solución disponible. Es decir, probar el portfolio que se tiene con un mercado distinto. La exploración aquí puede activar conclusiones para modificar el producto y adaptarlo a ese nuevo mercado, por ejemplo, o para desestimarlo y continuar en el mercado existente.

La tercera exploración se centra más en el método. Aquí es importante concretar la oportunidad. Se debe ser capaz de definir la oportunidad que se quiere detectar antes de actuar. Una vez definida esa oportunidad, es necesario establecer un límite de tiempo antes de tomar la decisión. Ello permite marcar el camino de forma clara y saber que hay un final que no se puede alargar.

A partir de aquí, se puede recurrir a recursos internos o externos para explorar. La exploración desde el interno es de un gran valor. Las personas de la organización que participan en ello disponen de información para entender hacia dónde va o debe ir la empresa. Participan en el proceso de decisión final.

De todos modos, debe haber entonces una gestión del talento interno a nivel de tiempo dedicado al proyecto y tiempo dedicado a las tareas propias en la empresa. Es una tensión clásica que ocurre en todo proceso de innovación, muy válida y necesaria para higienizar el proceso de la empresa. Pero, como hemos dicho, se debe gestionar.

Explorar es necesario, importante y un primer paso para cualquier ejecución posterior. Tiene una visión holística que va más allá de monitorizar y tomar decisiones a partir de los datos de los clientes.