Empresas y startups, el binomio

miércoles 11 de mayo del 2022
La conexión entre empresas y startups es la base para acelerar proyectos innovadores y disruptivos. Este es un elemento relativamente nuevo. Hace unos quince años las empresas, corporaciones, se acercaban a las startups para invertir en diversificación de negocio. El crecimiento exponencial de la tecnología, y la exigencia de los mercados, han hecho que ahora sea necesario relacionarse con startups desde las empresas para potenciar la innovación. Y, para ello, es importante saber cómo abordar dicha relación.


Las startups son para las empresas un elemento para compartir la co-creación y el desarrollo de nuevos productos y servicios, para procesos y para la oferta. Este es el gran cambio a la relación previa que se basaba más en invertir en diversificación de negocio.

A ello se le ha añadido el hecho que esa relación no es solamente con grandes corporaciones. Las pymes han entrado en la ecuación con las startups. Un ejemplo es el programa Activa Startups para todas las CCAA de España promovido por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, en él se ayuda a Pymes y startups para financiar pruebas piloto de proyectos conjuntos.

Ante esa realidad es importante considerar las diferencias entre las startups y las empresas, así como los aspectos más importantes para activar esa relación. Es decir, en el momento en que se invierte para nuevos negocios, se conoce al equipo de la startup pero no se genera una relación de generación de proyectos. Cuando lo que se hace es acordar actuaciones conjuntas, hay diferencias de funcionamiento entre una empresa y una startup que deben lidiarse correctamente para llegar a buen puerto.

La realidad es que en una empresa hay ya funciones, roles y tareas definidas. Los procesos están muy establecidos, bien definidos, con un día a día que a veces dificulta la visión hacia nuevos horizontes. Hay pues, cierta aversión al riesgo, sobre todo en las grandes corporaciones. Por contra, hay más seguridad y estabilidad laboral.

En las startups todos asumen responsabilidades, y es más fácil generar nuevas habilidades. El ritmo es más rápido. El riesgo es inherente, porque constantemente se debe innovar para ganarse el mercado. Hay una gran transparencia en la comunicación, algo que es más cuidadoso en las corporaciones.

Ante esas dos realidades es necesario abordar la relación entre ambos mundos. Porque, al final, hay beneficios de la relación entre empresas y startups. Las empresas disponen de nuevas perspectivas de mercado ante la capacidad de las startups para detectar necesidades. Pueden activar relaciones más directas con los clientes. Aprenden en agilidad organizativa. Por su parte, las startups disponen de una fuente estable de capital financiero, una mejora en la red de ventas por el acceso a una mayor base de clientes. También aprenden de experiencia empresarial en procesos.

Ante todo ello, la colaboración entre ambas obliga a que la innovación sea el eje clave de la relación. Las actividades deben estar pensadas en clave innovación: la startup entiende ese mensaje, la empresa lo asume porque ahora, a diferencia de hace algunos años, se entiende que es algo necesario.  Se debe trabajar en retos marcados y objetivos concretos. No puede haber divagaciones.

Cabe una comunicación transparente entre ambas partes. Es importante dejar a las startups que sean libres y ágiles. Las startups han de entender que hay elementos de orden y proceso que se deben incorporar. Ambos lenguajes chocarán en algún momento, pero si todos saben las cartas que se juegan, las tensiones se superan rápido. El binomio empresa-startup, startup-empresa es hoy una de las bases de la innovación.