Gestión y resiliencia

jueves 23 de marzo del 2023
El cambio exponencial se está asentado en el entorno. En estos momentos, además, hay un contexto en el que la incertidumbre se repite. Es una oportunidad para consolidar la capacidad de gestionar ese entorno de forma resiliente y hacia resultados.


El crecimiento exponencial implica cambio exponencial. Los productos y procesos se han modificado de forma rápida en los últimos años. De forma fija y coyuntural hay otros cambios en el entorno que obligan a saber gestionar de forma flexible y resiliente.

Además de ese cambio exponencial, las acciones para la sostenibilidad y la protección del entorno medioambiental están ya en las agendas políticas y económicas. La ciberseguridad es también otro aspecto que se ha integrado en los ‘debe’ del sector privado y público. La post-pandemia también ha cambiado los modos de trabajo y las demandas laborales, y en especial de las nuevas generaciones con el concepto de trabajador nómada.

A su vez, como hemos comentado en este boletín, coyunturalmente la invasión rusa de Ucrania ha afectado el suministro, ha activado la inflación y, por consecuente, los efectos en las relaciones financieras de empresas y familias.

¿Cómo se puede ser resiliente a toda esa nueva realidad, y saberla gestionar de manera efectiva? Primero de todo, la resiliencia en este caso es todo menos ignorancia. Los directivos deben estar preparados para ocuparse y no solamente preocuparse. Este es el nivel de resiliencia necesario. Sería una resiliencia proactiva.

A partir de aquí, lo primero es romper los silos de la organización. Este es un tema del que se habla ya hace años. Algo ha cambiado, pero como mayor es la organización, más fácil es que el ‘siloismo’ se mantenga.

Por lo tanto, desde la alta dirección se debe promover la identificación de los silos, captar duplicidades y eliminarlas. De aquí, el siguiente paso es la interconexión. En un entorno complejo, con una resiliencia proactiva, interconectar a la organización es clave para gestionar correctamente el entorno actual descrito.

Con esta interconexión, lo siguiente es marcar un objetivo común, fomentar la colaboración y actuar siempre desde la transparencia. Ese plan estratégico permitirá caminar hacia la integración de los equipos y un trabajo mucho más eficaz.

Una vez rotos los silos, la resiliencia proactiva obliga a una serie de activaciones que deben saber moverse en la flexibilidad. Una primera activación es saber clasificar los temas según categorías que afectan a la empresa, y priorizar los más necesarios según recursos y resultados.

La segunda activación es la de la agilidad y adaptabilidad. Todo plan de priorización puede ser modificado y revertirlo si las circunstancias o el mercado cambian. Una organización sin silos facilita esa agilidad. Pero debe haber una toma de decisión que la desarrolle.

Una tercera activación es la de generar bienestar al equipo. Los miembros de los equipos viven más tensionados por los continuos cambios. Así, cabe proporcionarles herramientas que les hagan sentir más seguros, apoyo personal para descargarles de responsabilidad cuando sea necesario, y potenciar el permitirse fallar.

Finalmente, es necesario hacer informes constantes de éxitos y de errores para potenciar el aprendizaje continuado de una gestión en entornos complejos como el actual.