Gestionar la reputación

jueves 26 de mayo del 2022
La reputación de los directivos debe gestionarse con un doble objetivo interrelacionado. La mejora personal incide definitivamente en la mejora para la empresa. La mala reputación genera consecuencias negativas. Un porcentaje elevado de la gestión debe pensar también en los medios online.


El tema de la reputación directiva se ha tratado ya en la Fundación CEDE mediante un completísimo Cuaderno con distintas aproximaciones. En él se habla de la importancia de la reputación del directivo para las organizaciones, así como su impacto en la generación de confianza, o como ventaja competitiva y su importancia para el propio directivo.

Es bueno aprovechar este espacio para integrar perspectivas sobre la evolución de la reputación y su gestión desde su publicación. Las direcciones generales deben gestionar su reputación porque los líderes están escrutados de manera constante. El riesgo para la empresa es alto si la reputación cae.

Por lo tanto, un primer paso es disponer de un relato controlado, coherente y constante. Ello empieza por tener una clara visión de la empresa. De allí, cabe ser inspirador, honesto y ético, y activar una buena comunicación interna. Aquí cabe preocuparse por el bienestar de los empleados y de la cultura de la empresa. También es necesario tener un enfoque a cliente, e incidir positivamente en la comunicación externa y las relaciones públicas.

De aquí se debe activar todo el resorte necesario para generar comunidad interna y externa. Internamente, la proximidad con el equipo desde una perspectiva de mentorización ayuda a mantener intactos los roles y las funciones en la empresa. Externamente, integrar a los clientes en las actividades de la empresa ayuda a que la conozcan, la evalúen positivamente y la promuevan.

Lo cierto es que ante una persona dirigente deshonesta, que no asume responsabilidades, excesivamente controlador e incoherente, la empresa sufre. Internamente, complica la atracción y retención de los empleados. Dificulta el desarrollo de los procesos y, por ende, la generación de una oferta ganadora. Sin olvidarnos de la percepción pública negativa.

Un ámbito altamente importante hoy es el canal online para potenciar la reputación. Algunos directivos no son nativos digitales. Este gap debe ser cubierto perfectamente por el departamento de RRHH junto con el de Comunicación. Si el directivo es capaz de gestionar por sí mismo las redes, igualmente debe basarse en una estrategia pre-definida.

La realidad es que el mismo público, en la era digital, es quien puede participar más en la evaluación de la imagen y la reputación directiva. Puede no haber filtros entre lo que dice la opinión publicada y lo que considera el usuario final. Un mensaje mal expresado en una red social por un directivo, puede viralizarse en minutos y desmontar la estrategia de reputación diseñada.

Por lo tanto, desde que uno empieza en una dirección, todo mensaje en cualquier canal digital personal debe pensar en modo empresa. Este es uno de los precios a pagar. Pero compensa al poder generar una imagen de marca propia que refuerza tanto a la persona como a la empresa.

La gestión reputacional tiene, entonces, un planteamiento holístico en el que lo digital entra cada vez con más fuerza. Aquí radicará el éxito del trabajo realizado para dicha gestión.