Identificarse con la empresa implica el grado en el que las personas en la organización se identifican con ella de forma emocional. Para ello, debe haber una alineación de los empleados con los valores de la empresa, la cultura y las interrelaciones entre pares y con los superiores.
Este concepto de identificación organizativa es un factor clave para fomentar una cultura de impulso y crecimiento en la empresa. Antes de concretar ese aspecto, vale la pena detenerse en los motivos que facilitan la generación de esa identificación.
Hay una variedad de elementos que la favorecen. La propia cultura, como indicábamos al inicio, es el punto de partida. Una cultura con valores que fomenten el respeto, la colaboración y el reconocimiento del talento interno fortalece la empatía de los empleados con la empresa.
Desde las propias direcciones también tienen la labor de potenciar esa identidad mediante el liderazgo inspirador. Demostrar un compromiso con los equipos, y una transparencia y actitud resolutiva, inspira en activar objetivos conjuntos y de pertenencia.
Ese compromiso debe ser individual y colectivo. Individualmente, cabe potenciar las oportunidades de desarrollo profesional. Las organizaciones que lo ofrecen, con programas de capacitación potentes, consiguen fortalecer la conexión de los empleados con la propia organización.
De forma colectiva, las empresas que fomentan un ambiente de trabajo inclusivo, transversal y colaborativo, activan el sentimiento de estar todos juntos con objetivos comunes.
A partir de todo ello, los beneficios de esa identidad colectiva para la organización son múltiples. En primer lugar, las personas están más comprometidos con su trabajo, son más leales a la empresa y tienden a esforzarse más para contribuir al éxito de la misma. De hecho, sentirse parte del colectivo potencia la satisfacción con el trabajo a realizar y realizado.
Otro elemento activado con la identificación es la coherencia y consistencia de los trabajadores. Al disponer de una definición común, les ayuda a mantener una imagen coherente y consistente tanto interna como externamente.
La cultura corporativa se ve beneficiada también. Al haber creencias y comportamientos compartidos dentro de la organización se contribuye a una cultura corporativa sólida. De ello sale también la motivación y el compromiso de los propios empleados. Aquí és importante vincularlo con el beneficio directo para la propia empresa.
Empleados motivados con un mensaje coherente propio de la organización activan la diferenciación competitiva de la organización frente a otras empresas en las que hay distancia entre los equipos y lo que la propia empresa quiere transmitir.
Ello activa también una orientación estratégica coherente. Las direcciones, al disponer de un bloque cohesionado, tienen una guía para la toma de decisiones estratégicas. Hay una base sólida para alinear todas las actividades de la empresa con sus objetivos y valores fundamentales.







