Interconexión

jueves 11 de febrero del 2021
La interconexión de los equipos se ha acentuado con la aparición de nuevas capacidades y nuevas herramientas. La especialización se valoriza con la oportunidad de integrar otros elementos vinculados. Definitivamente, los silos están ya para desaparecer.


La organización en silos en las empresas ha sido uno de los grandes debates de siempre en la gestión. Una empresa jerarquizada dispone de silos que se interconectan, pero desde las alturas. La capilaridad de la información brilla por su ausencia, por lo que al final se dejan de aprovechar las capacidades de toda la organización.

 

Esa interconexión desde las alturas hace referencia a las informaciones entre direcciones para apuntalar adecuadamente la estrategia. Pero muchas veces esa información es parcial. Al disponer de un control jerárquico de todo un departamento entero, un silo, que no se conecta con el resto, las direcciones tienen mucho cuidado con sus informaciones. Es decir, puede llegar a ocurrir que se escondan elementos para proteger un territorio y que no haya entrada exterior al mismo.

 

Esa departamentalidad empezó a terminar con la revolución de las comunicaciones a mediados de los noventa. La información empezaba a ser accesible de manera más ágil. Alguien de un departamento podía enviar un mensaje a otra persona de otro departamento para que le llegase al instante -los inicios del correo electrónico. La comunicación fluía más.

 

Aparecieron entonces plataformas de gestión del conocimiento para compartir información. Se activaron más las comunidades de prácticas para compartir información con otros departamentos, de otras compañías. Por lo tanto, se abrió la veda a hablar con terceros.

 

Era evidente que la concreción de los mismos mecanismos internamente tenían que llegar de forma casi inmediata. La transversalidad empezó a aparecer. A su vez, se integró, a mediados de la década del 2000, la opción de ir a buscar soluciones fuera de la empresa. Los visos de la innovación abierta empezaban a aparecer.

 

Esa combinación de poderse comunicar más libremente con el interior y el exterior incitó, pues, a empezar a modificar de forma transversal a las organizaciones. De este modo, era evidente que las capacidades debían modificarse. Es aquí cuando se empieza a hablar del talento en T invertida: una persona sabe mucho de algo, pero bastante de otras cosas. Es la multidisciplinariedad.

 

Así, los equipos multidisciplinares disponen de especialistas pero que pueden colaborar con otros especialistas de otros campos porque tienen capacidad para entender ese mensaje. Si a ello le añadimos que puede hacerse lo mismo con colaboradores externos, la organización en silos queda noqueada.

 

Pero aún hay directivos que se resisten a creer en los silos y a dificultar la activación de la transversalidad y de la interconexión. Lo único que consiguen es que aparezcan fugas de cualquier punto de la organización.

 

Ahora mismo interconectar equipos y departamentos es un reto necesario, obligado y clave para cualquier organización. La transversalidad y la multidisciplinariedad son aspectos base. Aquí reside el éxito. Eso sí, con direcciones que sepan guiar y abrir esa interconexión.