La nueva competitividad

jueves 17 de junio del 2021
Se ha asentado la concienciación verde en la sociedad, en la agenda política y en las propias empresas. En este último caso se ha convertido en una oportunidad para ser más competitivo en el mercado, y para optimizar los costes de los mismos procesos.


El consumidor quiere un producto sostenible. Es la punta del iceberg que sustenta toda la protección del medio ambiente necesaria para evitar desastres mayúsculos en poco tiempo.

Las nuevas generaciones van muy fuertes en esa exigencia. En ella incluyen también el contexto social del producto: cómo se ha producido, quién lo ha producido, si se han respetado los derechos de los trabajadores, si no ha habido explotación infantil.

Ese es uno de los motivos por los que las empresas ya han incorporado la sostenibilidad en sus proyectos, convencidas y no solamente para ‘limpiar’ su imagen. Una empresa sostenible y respetuosa con el medio ambiente es una empresa competitiva. Competitiva ante el consumidor, y también ante las inversiones. Los bonos verdes son cada vez más demandados.

El primer marco que se ha consolidado para enfocar la estrategia sostenible son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Los ODS se deben integrar tanto en la oferta final como en los procesos.

Es interesante tener en cuenta que la integración de los ODS permite enfocar a la empresa en, además de la competitividad, la innovación y el desarrollo de nuevos negocios. Dicha integración obliga a repensar toda la cadena de valor, con lo que en sí mismo obliga a incidir en ventajas competitivas.

A nivel mundial, los territorios más avanzados en una agenda verde integrada y con la implicación de los gobiernos y las organizaciones, con la sociedad empujando, son Europa y Oceanía -con Nueva Zelanda y Australia a la cabeza. En el caso Europeo, se concreta en el nuevo marco de la Comisión Europea y en los fondos de recuperación Next Generation.

Así, la Comisión Europea, de los cinco grandes temas políticos que tiene en su lista de acción, la lucha contra el cambio climático es el primero. Se busca ser una zona de cero emisiones en 2050, y haber reducido las emisiones de CO2 en una 50% en 2030. La Unión Europea (UE) quiere abanderar la lucha contra el cambio climático a nivel mundial.

De hecho, y volviendo a las Naciones Unidas, los países europeos han sido los únicos que han cumplido los acuerdos de la cumbre climática de la ONU COP23.

Sobre los fondos de recuperación Next Generation de la UE, el primer eje en el que se quiere apostar para reacelerar la economía es también la sostenibilidad medioambiental. En concreto, el Gobierno español ha acotado sobre cuatro ejes el destino de los fondos: la transición ecológica, la transformación digital, la cohesión territorial y social, y la igualdad de género. Todo ello, bajo las palancas de una agenda urbana y rural, infraestructuras y ecosistemas resilientes, transición energética justa e inclusiva, o la modernización y digitalización del ecosistema industria-servicios y de la pyme, junto con el impulso del emprendimiento, entre otras palancas.

Lo que es evidente es que ser sostenible ha dejado de ser un elemento reservado para la imagen de marca. Es ya el eje central para poder proteger a las generaciones futuras.