En cualquier proyecto hay un apartado de riesgos y de cómo mitigarlos. En la estrategia de gestión de una empresa se aplica igualmente. Aquí, el mercado es quien manda. Un mercado como el actual obliga a innovar en las estrategias de mitigación de los riesgos.
Para profundizar un poco más en dicho mercado, actualmente tiene una dinámica muy flexible. La globalización existe, pero se combina con una localización cada vez más acentuada. EL valor de la sostenibilidad y el kilómetro 0 implican que la oferta debe estar perfectamente identificada con la proximidad.
La tecnología y la digitalización es otra de las partes fundamentales en el mercado actual. Ello supone también una competitividad más extrema. El crecimiento exponencial de la digitalización también lleva a un cambio constante de la demanda. Las empresas deben ser capaces de adaptarse muy rápido. El consumidor modifica su comportamiento de forma más ágil que nunca.
Esa flexibilidad en el mercado supone también cambios en la regulación. Las normativas y estándares en territorios supranacionales son cada vez más comunes. Por ello, las operaciones de las empresas necesitan adaptarse correctamente a esa legislación.
Ante ese contexto, las empresas deben anticiparse. Deben prever los riesgos y saber modificar sus consecuencias a nivel de procesos, de finanzas y de reputación.
La anticipación implica haber planteado previamente los riesgos y diseñar un plan de acción para controlarlos. Esos riesgos suelen afectar a distintas partes de la empresa. Si la estrategia de mitigación se basa en hacer poco para no desestabilizar a la empresa, y aplicar pequeñas mejoras, el mercado se comerá la solución y el riesgo se convertirá en un problema.
Por lo tanto, es importante una comunicación e interactuación constante entre todos los departamentos de la empresa. Un problema detectado en un punto de la cadena y no comunicado al resto puede ser muy peligroso. Porque ahora las interrelaciones no son lineales. Son multicanales. El efecto puede llegar al final directamente sin haber pasado por los otros apartados.
En esa interactuación se necesita también disponer de distintas opciones de actuación. Otra vez, la linealidad se va al traste en este contexto. A cambio, la agilidad y la flexibilidad son necesarias para modificar posibles actuaciones de mitigación ya iniciadas. Esta es otra de las ejecuciones innovadoras de la mitigación de riesgos.
Otro apartado en el que debe haber mucha previsión es en el control de los cambios legales para mitigar los riesgos ante cambios legislativos. El mercado actual genera constantes debates éticos sobre la protección de la competitividad y, a su vez, de los derechos de los usuarios. La digitalización y gestión inteligente de datos que se aplica en los procesos y los productos ha hecho que se modifiquen muchas regulaciones en los últimos años. La sostenibilidad también ha generado nuevas normativas. Todo ello, sobre todo, en la Unión Europea.
La innovación en la mitigación de riesgos es la estrategia a seguir ante todo el contexto que hemos expuesto. Seguir con modelos clásicos es posiblemente un camino que lleva a error. El mercado actual obliga a cambiar.







