Oportunidades en Ciudades

30/05/2016
Si el siglo XIX fue el siglo de los imperios y el XX de los estados, el XXI lo será de las ciudades. La economía pasa y pasará fundamentalmente en las ciudades.

La población del planeta superará los nueve mil millones de personas en 2050. En 2030, el 85% de la población mundial vivirá en países en desarrollo, y el 60% del total se concentrará en ciudades. Cada día se añaden casi 180.000 personas a la población urbana. En este contexto de crecimiento, la relevancia de las ciudades en términos económicos y sociales aumentará.

La ciudad deberá gestionarse como un sistema complejo, una confluencia de situaciones muy diversas (movilidad, energía, salud, cultura, etc.) cuya gestión requerirá la combinación de inversiones públicas y privadas. La gestión eficiente de una ciudad precisará de un análisis predictivo de ingentes cantidades de datos, obtenidos a través de redes de sensores y actuadores que obtendrán información en tiempo real (Internet de las cosas).

Las ciudades “inteligentes” (smart cities) tendrán como principal objetivo utilizar la información para aumentar la calidad de vida de sus ciudadanos, teniendo en cuenta la sostenibilidad económica y social, así como potenciar su empoderamiento (su capacidad para intervenir en las decisiones relevantes para su ciudad).

Uno de los principales retos de las ciudades será la movilidad. El transporte en vehículo a motor privado se manifiesta ya como inviable en las macrociudades del planeta. Una solución pasa por el aumento del transporte público (que es ya el principal en ciudades como Tokio o Londres) y el uso de la bicicleta. Y otra por la redistribución de servicios en las ciudades: que los ciudadanos dispongan de todos los servicios en sus propios barrios.

Se pasará de ciudades con un único centro a ciudades multipolares, con distintos polos en los que sea posible vivir, trabajar, comprar y entretenerse sin tener que desplazarse al “centro” de la ciudad. La previsible viabilidad tecnológica de los automóviles autónomos (driverless cars) a medio y largo plazo también puede tener un considerable impacto en la movilidad.

La sensibilización creciente por la conservación del medio ambiente y la contención del cambio climático impulsarán un enfoque ecológicamente más sostenible de la economía de las ciudades, a través de modelos de producción de proximidad (km 0), así como la autoproducción energética y la autosuficiencia alimentaria de las urbes.

La migración hacia las ciudades implica normalmente un aumento de su densidad, y una mayor competencia por los recursos, y en un aumento del coste de la vida. Ello puede conllevar un cambio cultural hacia la compartición: compartir en lugar de poseer no solo será más barato, sino que quizás se convierta en la única forma de poder disponer de los productos y servicios necesarios.

Se requerirán nuevas infraestructuras de compartición, tanto físicas (esquemas para compartir automóviles y bicicletas, y también de espacios de trabajo, como
el co-working), como digitales (sistemas que agilicen los intercambios de todo tipo de productos y servicios de la economía colaborativa). Y aparte de los servicios transversales ofrecidos a toda la población, se dispensarán servicios para colectivos con necesidades especiales (gente mayor, discapacitados, niños, turistas, etc.).

Se producirá un cambio de modelo de liderazgo de las ciudades: de una planificación detallada “desde arriba” a una movilización de la ciudadanía que aumente su compromiso emocional con la ciudad (engagement). La administración de la ciudad se convertirá en facilitadorapara que sea la sociedad civil la que actúe decididamente como protagonista.